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Sin Gafete / Isabel Arvide

  • Isabel Arvide

  • El juego de la exoneración del inocente
  • Las educadas palabras de Emilio Gamboa

El señor juez, dueño de todos los calificativos impolutos a señalar, don Santiago Pedraz, ordenó el encarcelamiento de Humberto Moreira a su llegada a Madrid.  Lo hizo, a sabiendas, de que era absolutamente inocente de todos los cargos que le fueron señalados.

¿Cómo puede suceder algo tan abominable?  Muy simple:  Ese mismo juez, que atendió la petición de la autoridad anticorrupción de su país, dictaminó con unos pocos días para estudiar el expediente respectivo, que no había el mínimo “rastro de delitos de blanqueo u operaciones relacionadas con organización criminal alguna”.

Entonces, si ya lo sabía porque la investigación duró dos años, para qué detenerlo y permitir el gran escándalo mediático.

Parece, para utilizar un término castizo, de muy mala leche.

Durante dos años las autoridades españolas, supongo que, con autorización de este mismo juez, estuvieron escuchando sus teléfonos.  Siendo un ciudadano mexicano que tenía visa de estudiante.

Asombroso.

Si esto le sucediese a cualquier personaje de la farándula o de la iniciativa privada ya habría manifestaciones de protesta.

No encuentro cómo entender que Moreira haya sido detenido a sabiendas de su inocencia.  Y los días que pasó en prisión… Así hayan sido para el Profesor una “enseñanza de vida” no es aceptable.  ¿Para quienes, para qué fin político o de otro tipo, estuvo montada esta operación contra un mexicano destacado en política?

Una vez exonerado, ese es el termino exacto, también como expresión jurídica, el exgobernador de Coahuila el silencio permanece.

O sea que ni porque ya es legalmente inocente, lo quieren defender todos los políticos priístas.  A excepción de Emilio Gamboa Patrón que, bordeando la discreción, con gran elegancia declaró que siempre sale avante y que es inocente.

Loso norteamericanos, que tal vez no lo quieran por su cercanía y sus muchos viajes a visitar a Fidel Castro, habían pedido a los españoles que espiaran a Moreira.  Y lo consiguieron, obedientes escucharon muchas horas de conversaciones para que el citado juez Pedraz asumiera, legal y públicamente, que: “En las conversaciones no aparecen, ni siquiera criptográficamente, instrucciones, formas de proceder con dinero para ocultar ni se deduce que se reuniera con miembros de organizaciones criminales”.

Esto ya lo sabía, ya lo había examinado, ya constaba en el expediente… entonces por qué lo detuvieron…

Moreira no supo defenderse del escándalo mediático cuando descubrieron, una investigación periodística, que Javier Villarreal había utilizado papeles falsos y/o irregulares para obtener un préstamo bancario como titular de la Secretaría de Finanzas, por tres mil millones de pesos, no por los treinta mil que le achacan en notas periodísticas publicadas en estos días.  Como tampoco supo comunicar la anterior exoneración, por parte de la autoridad de la PGR en un Gobierno panista.

Insisto en preguntar: ¿puede la autoridad de otro país detener a un ciudadano mexicano y lincharlo en los medios de comunicación, permitir que se le acuse de todo, a sabiendas de que es inocente?  ¿Qué protección tenemos en el extranjero?

Los mexicanos queremos que todos los políticos sean juzgados por corruptos y enviados a una cárcel.  Lo queremos (yo no) como el juez Pedraz a sabiendas de que son inocentes.  Esta característica de nuestra idiosincrasia es digna de un estudia psiquiátrico.  Es un sentir, perverso y equivoca, muy popular.  Que recibe excelente acogida en los medios de comunicación masiva.

Los jueces, mexicanos, españoles o de cualquier país, tendrían que excusarse de estos juegos malvados.  Por obligación de su jerarquía.  Tener jueces que juegan a linchar a inocentes es la peor pesadilla para un sistema demócrata.  Y de acuerdo a nuestra Constitución, tan olvidada cuando se habla de Humberto Moreira, todos somos inocentes precisamente hasta que un juez dictamine en contrario.

Lo menos que debe hacer el señor juez español Santiago Pedraz es ofrecernos una disculpa.  Como país, como ciudadanos que creemos en las leyes.

 

En Tuiter: @isabelarvide

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