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Sin Gafete / Isabel Arvide

  • Isabel Arvide

  • El desastre advertido de las cárceles mexicanas
  •   Nos sobran 50 mil presos

Lo que sucedió en el penal de Topo Chico, en Nuevo León, es “bola cantada”. Todos, desde el presidente Enrique Peña Nieto hasta los custodios, saben que en las cárceles mexicanas lo único seguro que va a suceder es la violencia. Los cadáveres que están recogiendo sus familiares hablaron. Lo malo es que ninguno quiso oír.

Sordo fue, sobre todo, el secretario de seguridad pública de Nuevo León, general Cuauhtémoc Antúnez Pérez. Militar omiso, además.

Es oportuno reproducir lo que hace meses publicamos en este mismo espacio, porque si algo ha cambiado es para empeorar:

¿Qué entra a las cárceles mexicanas? De todo: mujeres, bandas de música, comida, celulares, televisiones, aires acondicionados, droga, botellas de licor y niños que acompañan la condena de los mayores. Todo se compra, todo se vende con el mayor cinismo, a la vista de todos. Los custodios no son tales, sino policías castigados con ese trabajo.

Poco más de 250 mil internos viven en condiciones infrahumanas. Muchos venden su espacio en una celda y duermen fuera, sobre el piso, para que otro u otros puedan hacerlo más cómodamente. El hacinamiento es el mayor problema de todas las cárceles estatales.

Duncan Wood, director del Instituto México del Wilson Center, asevera que el Gobierno no presta atención a las prisiones. Mientras que el senador Omar Fayad, presidente de la Comisión de Seguridad Pública del Senado, afirma que el sistema penitenciario es vulnerable.

Datos de la Secretaría de Gobernación aseveran que hay sobrepoblación en 210 cárceles de las 387 que tenemos en el país. Existen 256 mil 448 internos, federales y del fuero común, sentenciados y procesados, mientras que la capacidad de nuestros penales es de solamente 203 mil 434 reos.

Nos sobran más de 50 mil. O si se prefiere, hay necesidad de una celda por cada cuatro, hace falta 20 por ciento de espacio en todo, hasta para defecar.

La mayoría de estos internos no tienen uniforme, viven en condiciones precarias, no pueden pagar su fianza ni los honorarios de un abogado, desconocen el sistema penal y no tienen familiares. Por lo tanto, son utilizados por los internos que trasladan su poder criminal a las cárceles.

¿Quién quiere invertir en esto? ¿Qué Gobierno estatal tiene más de 3 mil millones de pesos para construir una nueva cárcel? La manutención de un reo en nuestro país es muy cara. Hay que pagar la luz, los empleados, los custodios, los instructores, los psicólogos, los abogados, todo lo que a partir del sexenio pasado se volvió obligatorio para poder caminar hacia la readaptación social.

Un Gobierno puede “invertir” quinientos o mil pesos diarios por reo, pero no tiene el menor interés en mejorar sus condiciones de vida ni resolver el hacinamiento que, a su vez, genera violencia, riñas y asesinatos.

Más de cien mil mexicanos están a la espera de ser sentenciados. Viviendo en el miasma más imposible de describir. No cuentan con capacidad para confrontar a los criminales que en ese mismo cosmos aterrador tienen todo a su favor para seguir siendo poderosos, respetados, temidos, ricos y, sobre todo, delincuentes.

La autoridad penitenciaria ha administrado el terror y la corrupción en los penales de baja o media seguridad. A veces sin saber siquiera cuántos son los reos.

Visualizar esta bestia de mil rostros que son las cárceles mexicanas es un ejercicio que requiere de todas las disciplinas y de todas las dedicaciones. No se ha hecho.

No se han comprendido las grandes vertientes de realidad que nutren el problema: La falta de un sistema de aplicación de justicia que fortalezca la presunción de inocencia, y que al hacerlo impida que “presuntos inocentes” purguen penas que no les corresponden. Y la falta de infraestructura, de personal capacitado, de tecnología en prisiones sobre saturadas de internos que cuentan con recursos económicos y de organización criminal superiores a los de la autoridad.

Fragmento de un artículo público en la OEM el 20 de julio del 2015.

 

En Tuiter: @isabelarvide  Blog: EstadoMayor.mx