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Sin Gafete / Isabel Arvide

  • Isabel Arvide

  • La sensibilidad política del Papa
  • O cómo entender los caminos de Dios junto a los poderosos

El papa Francisco es argentino. Un argentino que ha vivido, que ha sobrevivido a las dictaduras militares. Que, por tanto, conoce a fondo las razones del poder político.

En su viaje, apabullante, por México demostró lo útil de esta experiencia para navegar en las redes del poder político.

Porque eso fue lo que hizo, prioritariamente, para poder dar su mensaje. Que es, definitivo, pastoral. Que se refiere a temas trascendentes del hombre. De su relación con Dios. De lo bueno y lo malo que tanto se confunden.

El Papa es un sacerdote, un cura de parroquia que gusta de mezclar filosofía y lugares comunes en sus discursos. Que está en la búsqueda del “rebaño”, que promulga la palabra de Dios en frases que puedan conmover al hombre de la calle. Es, también, un gran líder social. Un personaje con capacidad de atraer multitudes con ese estilo de tonos bajos, socarrón, suave.

Habría que decir, con honestidad, que también es un hombre bueno.

¿Qué vino a hacer a México? Todo indica que su prioridad fue el discurso contra los chismes, contra la política sucia interna, contra la desunión de sus subordinados. La jerarquía católica mexicana le preocupa. Debe saber mucho de lo que está mal entre ellos a juzgar por su discurso, el más duro de su viaje.

Esto en lo que se refiere a su mandato. A lo que, supongo, está obligado a hacer como patriarca de una institución en crisis.

En cuanto a lo íntimo, lo personal del cura de barrio, del hombre que parece estar en la búsqueda permanente de la fe, de Dios, vino a rezarle a la Virgen de Guadalupe.

Hombre inteligente, que también lo es, diría que, en exceso, el Papa había dicho que el fenómeno de la Virgen Morena escapa a los análisis científicos, es tan fuerte que hasta los agnósticos creen en ella. Lo que es cierto. Asombra que en su caminar entre las familias más poderosos, más ricas del país, se haya apartado para rezar a solas frente a su imagen. Tal vez en la búsqueda de respuestas, como todo ser humano que enfrenta los últimos años de su vida.

Esto, al menos para mí, resulta en extremo conmovedor y, también, ejemplificante del sacerdote vestido de blanco.

El papa Francisco, porque es argentino, porque debe de haberse chocado infinidad de veces con el poder político de su país, entendió desde antes de llegar lo que el Gobierno del presidente Peña esperaba de él. Es decir, del jefe de estado del Vaticano.

Y respondió con creces. Todo el Gobierno está más que agradecido con la inocencia, lisura, de sus apariciones. Nada de la fuerza política que muchos imaginaron estuvo presente. Fue un invitado en extremo educado.

Esto no fue importante para millones de feligreses, menos de los que algunos esperaron, porque el Papa es conglomerado de encantos. Es un hombre que habla cara a cara con la gente, que se baja de su altura para ponerse de tú a tú con todos, hasta con los que están encarcelados. Sus homilías fueron estupendas en muchos sentidos, profundas, aleccionadoras, pero nunca políticas. Nunca tomando posición respecto al gran rechazo social vigente.

El Papa ignoró los grandes temas de la agenda nacional, como la violencia, como la injusticia, la corrupción. Estos temas, hay que aceptarlos, están mucho más vigentes en la percepción social. Su negativa a recibir a los padres de los desaparecidos, porque pudo hacerlo así en general no solamente a los de los 43 estudiantes de Iguala, provocó mucha decepción.

Sobre todo, ahora que, a su partida, se sabe que tuvo audiencias privadas con protagonistas del dinero y el poder.

Hay mucho bueno, amoroso, enternecedor del recorrido del Papa. Hay que reconocerle un estilo totalmente distinto, cálido, abierto. Habrá, también, que analizar como permitió ser secuestrado, literalmente, por una organización de “seguridad” que buscaba y consiguió apartarlo de la realidad mexicana. Maravilloso hubiese sido que, fuera de programa, visitara una cárcel mexicana… sin aviso. Que fuese a un hospital, sin tener al lado a la esposa del Presidente actuando. Que llegase a una parroquia de alguna zona marginada…

Tuvimos a un Papa absolutamente fascinante, en cadena nacional en todos los medios de comunicación, imposible de ver siquiera en las calles, rodeado de los poderosos con quienes fue muy amable, ignorante de la discriminación en el reparto de boletos, lugares y hasta banquetas frente a la Nunciatura.

Nos quedamos con ganas de ver a Francisco, al sacerdote, fuera de las grandes trampas del poder donde navegó…

En Twitter: @isabelarvide                     Blog: EstadoMayor.mx