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Sin Gafete / Isabel Arvide

  • Isabel Arvide

  • No entienden que no entienden
  • Nuevo fracaso de Virgilio Andrade

Lo que agravia, tanto, no es el salmón o el caviar que se comieron, sino por qué estaban en el extranjero estos funcionarios de la Secretaría de la Función Pública.

¿Qué razón pudieron tener para estos viajes? ¿Qué buscaban fuera del país?

Virgilio Andrade, como varios en la más cercana cercanía presidencial, “no entiende que no entiende”.

Y esto es gravísimo porque ni cómo explicarle.

Su llegada, la creación de su espacio institucional, obedeció a un inmenso descontento social por los reportajes de Carmen Aristegui sobre la existencia de una casa faraónica en Las Lomas cuya propiedad presidencial, en su persona o la de su esposa, permitía especular irregularidades.

La obligación era investigar. Encontrar culpables. O, por lo menos, mecanismos para que todo fuese y pareciese legal en este Gobierno.

Andrade desde su llegada trajo el escándalo.  Como si de eso no estuviesen hasta la coronilla en Los Pinos.  Su aceptada cercanía, para muchos subordinación, con Luis Videgaray, restaba credibilidad a su trabajo de fiscalización institucional.

En lugar de crecer en imagen, de convencer a la ciudadanía con hechos, ha ido de mal en mucho, mucho que es muchísimo, peor. No solamente “exculpó” mágicamente, con argumentos muy simples, a la familia presidencial, sino que se ha convertido en una estatua de adorno, de mal gusto por cierto, en esta administración.

Con tanto descontento que provoca, parece inverosímil que haya dado instrucciones a sus subordinados para hacer turismo en lugar de trabajar en nuestro país.

Esta semana una investigación periodística -otra vez los villanos del Gobierno de Peña Nieto-, de la agencia de noticias Reuters, exhiben lo que comen en sus viajes los fiscales de la honestidad y transparencia gubernamental.

Como si viviésemos en el siglo pasado, la Secretaría de la Función Pública entregó cajas y cajas de papeles, comprobantes, de viáticos a la agencia noticiosa. Y ahí, hurgando entre éstos, se encontró que en una escala en Alemania, en la ciudad de Fráncfort, el director de Asuntos Legales de esa Secretaría, Jorge Pulido, gastó 500 dólares en dos taxis y dos comidas…

¿Es poco o es mucho?

¿Por qué tenía que hacer escala si su viaje era a Kuala Lumpur?  ¿Por qué no quedarse en el aeropuerto? ¿Por qué debemos pagar sus taxis si ni siquiera debía estar en Alemania?

El señor Pulido iba en camino a Kuala Lumpur a una reunión Equis.

¿Qué tenemos que mandar a funcionarios a estas reuniones cuando no cumplen con sus obligaciones en México? ¿Por qué no estaba revisando todos los contratos del Grupo Higa con el Gobierno de Peña Nieto, por ejemplo?

Lo mejor, periodísticamente hablando, son las expresiones de otra colaboradora de Virgilio Andrade, de nombre Hilda García, que no se sabe bien a bien en qué oficina está, que pasó las notas de una cena en la tienda Harrods de Londres…

Cuando hay tantos restaurantes, algunos baratos, de todo tipo en Londres, resulta que la señora fue al bar de caviar de esa tienda para millonarios, donde los jeques árabes toman un “tente en pie” entre carretadas de compras…

La señora Hilda García dijo, así lo publica el reportaje de Reuters, que fue a cenar ahí como “premio” porque había estado en una jornada de trabajo muy complicado, en un idioma y con unas leyes que no conoce muy bien… “No tenemos el privilegio de comer en Harrods todos los días”, sentenció.

¡Qué fuerte! Que asombro provocan estas declaraciones.  Ciertísimo, ni usted ni yo ni millones de mexicanos tenemos ese privilegio… pagado por nuestros impuestos y sin justificación alguna.

Como respuesta a este escándalo, que viene de las cajas repletas de comprobantes que ellos mismos entregaron, Virgilio Caballero declaró que van a estudiar qué hacer al respecto…

Y lo único que no entiende, insisto, es que no entiende…

¿Por qué tenerlo, millones de mexicanos lo tenemos y lo sostenemos, al frente de esa Secretaría?  Que alguien nos dé una explicación con urgencia.  Por qué debemos pagar el caviar, el salmón, los gustos millonarios de funcionarios que no dan ningún resultado…

Que alguien le explique a Virgilio Andrade qué significa tener sentido común, contar con la más elemental inteligencia, comportarse con un mínimo de discreción. Que alguien le platique de sus obligaciones, suyas y de sus colaboradores, como funcionario público…
En Tuiter: @isabelarvide          Blog: EstadoMayor.mx