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Sin Gafete / Isabel Arvide

  • Isabel Arvide

  • Donde termina México corrieron a los marinos
  • ¿Le ganó la corrupción al uniforme?

Las modernas instalaciones, primer mundo, no logran ocultar la pobreza que las rodea. En ambos lados de la frontera. Tampoco sirven para evitar el contrabando. Al contrario, parecería que las estructuras de concreto fueron diseñadas para ese fin.

En Chetumal, en la todavía más olvidada comunidad de Subteniente López, la gente vive del chanchullo, de pasar “chinerías” que vienen a comprar de mayoreo.  Lo saben hacer, es una vocación ancestral.  Ahora ejercen su “profesión” a la mitad del nuevo puente, justo antes de pasar por las modernas instalaciones del SAT donde están estacionadas más de 20 patrullas impecables.

Esto se hace todos los días.  Es un negocio que tiene una derrama económica hormiga de la que todos, autoridades y ciudadanos, participan.  Nada oculto.

Junto a estos, palabras mayores, pasan camiones llenos de droga, de armas, de lo que se quiera imaginar.  Todos lo saben.  Pocos hacen algo.

Es una industria criminal que escapa al control o a la voluntad política pertinente.  El principal contrabandista de licores, que por décadas vivió en la zona libre, apodado “El Español”, murió hace pocos meses asesinado en un restaurante de Chetumal, donde cenaba acompañado de dos policías locales.  Fue intocable para las autoridades, a sabiendas.

En las inmediaciones de las instalaciones del SAT en el paso fronterizo nuevo, hay un retén militar a modo.  Donde soñolientos soldados revisar por encimita los vehículos, igual que lo hacen o ni siquiera sacaron el rostro de su caseta para ver, los funcionarios de población.  La existencia de un casino frecuentado por locales hace, quiero creer que es la razón principal y no la corrupción, muy cómodo el paso.  Es, en los hechos, una frontera abierta donde cualquier extranjero puede entrar a nuestro país sin control.

Bueno, siempre y cuando viaje en un vehículo con placas locales…

Junto a estas facilidades para todo, la aduana suele ponerse muy estricta con los visitantes que suelen llevar miserias de mercancía.  A veces tenis, cervezas, alguna botella de licor… a estos los tratan como delincuentes.

De cara a esta frontera, en el último pedazo del país, justo donde termina México, la autoridad naval puso un puesto de revisión.  Lo situó un poco más adelante del militar.

Y, es infinitamente obvio, que servía para revisar lo que todas las autoridades dejan pasar en el día, mucho más en la noche.

Ahí marinos armados, corteses, detenían y realmente revisaban a los automóviles que iban rumbo a nuestro país o a su casa en Chetumal.

Era la verdadera “aduana” de Chetumal.  Un filtro impenetrable.

Quiero creer que era muy efectivo.  Sobre todo, en la intimidación.  Imposible pasar armas o droga con este retén.

Deben haber sido muy exitosos en su trabajo porque comenzaron las quejas.  Y de las quejas se pasó a la acción:  Se bloqueó la carretera en protesta por su presencia.  Ayudantes de contrabandistas, los mismos que suelen pasar mercancía en el puente, a metros de la gente del SAT, impidieron el paso de vehículos.  Obviamente muchos de ellos eran locales.

Es decir, quintanarroenses, los que van a votar en junio por un nuevo gobernador, así como también por presidentes municipales y diputados locales.

Este bloqueo fue tan eficiente, con sus mantas afirmando que “los marinos espantan el turismo” que la SEMAR, supongo que el mismo Secretario Almirante Vidal Soberón, tomó la decisión de levantar el puesto de revisión para “no molestar” a la población.

Y, de inmediato, se volvió a instalar la corrupción consentida. La impunidad.  La frontera abierta.

Ahí donde termina México, los malandrines les ganaron a los miembros de la Marina-Armada de México… o fueron las razones políticas de cara a la elección las que se impusieron…

Lo cierto es que todo, absolutamente todo, sigue pasando por esa tan protegida y moderna frontera…
En Tuiter: @isabelarvide

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