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Sin Gafete / Isabel Arvide

  • Isabel Arvide

  • La peligrosa percepción sobre la aplicación de justicia
  • Solo es peor la realidad

Las declaraciones del expresidente Felipe Calderón sobre la manera, para millones de mexicanos pésima, en que actúan los jueces vinieron a incidir sobre una percepción social infinitamente difícil de cambiar.

Cualquier encuesta define la vulnerabilidad, orfandad incluso, que sienten los mexicanos frente a las diferentes instituciones de justicia. Que, para terminar, no son justas.

Una de las expresiones más comunes es que “no están dentro de la cárcel quienes deben estar, y quienes están no deben estar dentro”.

Calderón Hinojosa se quejaba de que los jueces prefieren darle prioridad a presuntos “derechos humanos” de los criminales que “fajarse” para sentenciarlos. Quienes están o han estado en las cárceles mexicanas sujetos a juicio, para después encontrarse con un “veredicto” de inocencia saben perfectamente que la inocencia no es un valor que se respete en los juzgados.

Esta percepción social, a la que debe agregarse el factor de corrupción, tan grave es igual a la realidad.

¿Qué quiero decir? Justo eso. Que los mexicanos perciben a la aplicación de la justicia tan mal como es en realidad.

Los resultados del índice global de impunidad, la medición para conocer qué grado de impunidad tiene cada país, sitúa a México en el penúltimo lugar. De 59 países analizados. Mejor no conocer quiénes están peor que nosotros.

Esto significa que casi todos los países del mundo manejan mejor su aplicación de justicia, ponen en la cárcel a los criminales y protegen a los ciudadanos.

Impunidad en nuestro país es que el hijo del exgobernador de Michoacán, el joven Vallejo, esté en la calle después de sus reuniones con “La Tuta”, mientras que el doctor Mireles, que no hizo sino proteger a su familia, a sus conciudadanos de las agresiones, estas sí que impunes, de los criminales siga preso en una cárcel de alta seguridad esperando ser sentenciado.

El caso de Elba Esther Gordillo es otro. Como haberla linchado en los medios de comunicación parece dar licitud a las acciones en su contra, el juicio ha sido retrasado inmoralmente por las autoridades. O sea que lleva todo este tiempo sexenal presa en espera de ser encontrada inocente… como ha sucedido con tantas personas que años después de su encarcelamiento alcanzan el veredicto del juez… de inocentes, lo que siempre fueron.

En infinito contraste con esto tenemos casos como los del dueño del Ferrari Rojo cuya “escolta” propinó una golpiza a un automovilista, con total impunidad. Nuestra palabra favorita. O el tema del “líder estudiantil” que ha tenido “secuestrado el auditorio Justo Sierra de la UNAM y quien está en libertad pese a la gran cantidad de droga que le fue encontrada.

Algo está infinitamente podrido en nuestro sistema de aplicación de justicia. Y lo sabemos. Y lo padecemos. Y los esfuerzos oficiales han sido infructuosos.

¿Es que todos nuestros jueces y ministerios públicos son corruptos y/o ineficientes? Al menos así parece.

El tema no es de “fajarse los pantalones” para detener a criminales sino de cumplir con su obligación. Si es que existe esta obligación, si es que proteger a los ciudadanos y castigar a los criminales es, realmente, su obligación y su responsabilidad.

¿Qué debemos cambiar? Parece que todo. ¿Qué se ha cambiado? Parece que nada…
En Twitter: @isabelarvide

Blog: EstadoMayor.mx