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Sin Gafete / Isabel Arvide

  • Isabel Arvide

  • Que tacleada se dio Miguel Mancera
  • El peor programa, el menos popular, el más inútil

Intentar solucionar un problema con otro mucho mayor es un error imperdonable para los políticos. Imponer una medida antipopular que afecta la vida de millones, que contradice lo estipulado en leyes y pagos anteriores, es de absolutamente incalificable. La peor forma de gobernar.

El problema de la contaminación en la Ciudad de México, como en muchas otras ciudades, merece la mayor prioridad en cualquier agenda. Sin embargo, decretar un nuevo “No Circula” para los automóviles que, paradoja sin nombre, han demostrado que no contaminan está inserto en el mayor de los absurdos. No es una solución, ni siquiera un paliativo. No ayuda en nada, según los expertos.

¿Entonces por qué impedir que los automóviles que tienen certificado de “No Contaminación” circulen?

Quien haya aconsejado a Miguel Mancera esta “solución” se equivocó. Hizo una apuesta alta donde llevan todo que perder, y nada a ganar.

Miguel Mancera se convirtió, en minutos, en un gobernante cuestionado, criticado, desagradable para millones de habitantes de la Ciudad. Y quedó, además, en el papel de “tonto”. Porque su posición se cae a pedazos con cualquier declaración de profesionales de la contaminación.

Cuando lo que llena las ocho columnas de los diarios es que los ciudadanos afectados van a pedir un amparo, es que las medidas oficiales son totalmente negativas. Y que están planteadas en un limbo legal que permite acudir a la Suprema Corte de Justicia.

La Ciudad de México no tiene un transporte público eficiente. No lo ha tenido hace muchos años. La “jalada” de los diputados de fingir que viajan en el Metro no ha hecho sino enojar a quienes, diariamente, sufren las aglomeraciones en ese transporte.

Los automóviles son infinitamente necesarios para las familias. Muchos han ahorrado sus salarios para poder comprar un coche que no contamine, que pueda portar la calcomanía “0” o Doble “0”, para así poder ir a sus trabajos, llevar y recoger a los niños de la escuela, transportarlos a sus clases de tarde, ir al mercado
hacer sus actividades diarias.

Estas familias, cuya economía está muy lastimada, no tienen choferes ni dos o tres o cuatro o más vehículos. No cuentan con escoltas que saquen la “charola” al menor pretexto. Necesitan sus vehículos. Y no entienden por qué no pueden usarlos. Están, justificadamente, muy enojados con Mancera.

Los autobuses, los taxis, las patrullas, no pasarían el examen de “verificación” si se los hicieran. Ellos van a tener permiso para circular todos los días, ellos sí, contaminando.

El primer paso que debió dar el jefe de Gobierno de la Ciudad es obligar a los dueños de los camiones, de los taxis, de todo el transporte público a llevar al servicio correspondiente a sus vehículos. Y hacer otro tanto, cientos de miles de pesos de por medio, con todas sus patrullas, así como con los vehículos oficiales.

No hacerlo antes de decretar una medida impositiva, impopular e ineficiente, es inaceptable.

La Suprema Corte de Justicia puede, debe fallar a favor de los miles de dueños de automóviles que decidan ampararse. Y otra vez tendremos el absurdo de medidas oficiales que van contra los derechos ciudadanos. ¿A qué le tira Mancera?

Si, como ha demostrado, aspira a ser candidato presidencial, con esta manera de gobernar se está, literalmente, tropezando consigo mismo. Se puso el pie, se “tacleó” sin necesidad alguna.

Se necesita cuidar el aire, basura pútrida, que respiramos en el Ciudad de México. Hacerlo con inteligencia, con eficiencia, con capacidad de cambiar la realidad, sin lesionar a millones de familias, es obligación de Mancera.

A partir del próximo martes tendremos al más impopular jefe de Gobierno, mientras que los poderosos rodeados de sus escoltas (sin ningún control oficial) seguirán circulando impunemente. Y el aire será igual de asfixiante y podrido
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