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Sin Gafete / Isabel Arvide

  • Isabel Arvide

  • La fiesta de la cannabis
  • Por fin entendió Peña Nieto…  Ahora le toca al senador Roberto Gil

Cuando se comenzó a hablar de la legalización de la marihuana, el presidente Peña apareció como el más conservador de los gobernantes, denotando la educación muy tradicional que tuvo.

Y nuestro país, vecino de Estados Unidos, con tantos jóvenes, inserto en la globalización necesita, justamente, un mandatario moderno.

Algo sucedió que hizo reflexionar al Presidente hasta cambiar su decisión para asistir a la Cumbre de la ONU al respecto. Su discurso es interesante, sepultado por la magnificación del vídeo de tortura para su mala suerte. Lo que es mucho mejor, todavía es su intervención para anunciar que enviará una iniciativa de Ley que legaliza la marihuana… para usos medicinales.

Insuficiente, pero es un primer paso.

Sobre todo, es un signo de apertura que debemos reconocer y festejar, ya en lo personal Peña Nieto había expresado su desacuerdo con esto. Son los precios de gobernar un país de más de cien millones de mexicanos. En su sexenio Felipe Calderón Hinojosa, siendo ferviente católico, conservador en cuestiones de religión, gobernó como laico.

¿Qué pasará con esta apertura oficial? Se quita presión al tema, definitivo. Y se abren puertas, hay que ser muy reiterativo en esto, para lo que vendrá. Que no puede ser sino leer, con atención, la iniciativa de Ley que Roberto Gil envió.

¿Por qué? Muy simple. Si se da permiso para utilizar cannabis como medicina falta poner en letritas y, también, en reglamentos, de dónde se va a obtener esta marihuana. Porque no será delito utilizarla, pero sí cosecharla y comerciarla. Entonces, tendremos una actividad mitad fuera de la Ley conviviendo con la legalidad.

¿Quiénes venden la droga, marihuana, que podrán consumir en mayor cantidad los jóvenes? ¿Por qué ha de ser delito venderla y no fumarla? ¿Cómo se obtiene legalmente lo que es legal utilizar y/o consumir? Ese es el dilema mayor.

Por eso el senador Gil plantea que haya un Instituto de la Cannabis, oficial, que sea la instancia que regula su plantación y venta.

Caminando hacía la legalización, se camina también hacía un negocio de muchos ceros. ¿Va a ser legal o ilegal?

Luego tenemos a muchos miles de mexicanos en las cárceles por traer cantidades pequeñas de droga. Que por carecer de recursos no han podido enfrentar, o ganar, a una justicia que sabemos indolente y omisa. Están encarcelados, unos sentenciados, otros sujetos a proceso, por un asunto que se convertirá en legal. Por lo tanto, deberán quedar en libertad.

Lo que es un agregado en positivo que, también, habrá que reconocerle a Peña Nieto.

Si me apuran, el tema de las encuestas, que colocan al Primer Mandatario en una posición tremendamente baja de aceptación popular, tiene que haber sido considerado antes de haberse inclinado por este reculamiento tan positivo, de negarse a ello, como estaba en la agenda del nuevo titular de Salud, José Narro, y de Mondragón y Kalb, Peña sería odiado por los jóvenes.

Lo que debería seguir es la congruencia elemental entre lo que va a ser legal y lo que sigue siendo ilegal. Hermanar ambas realidades. Quien consume tiene que comprar la marihuana en algún sitio, quién vende tiene que acudir al que siembra
todos son parte de una cadena que debería ser, por decreto, legal.

Por eso es tan interesante la propuesta de Gil, que pocos han de haber leído, ya que el país contaría con un órgano, un instituto, un instrumento oficial para conducir todo el proceso.

O es que vamos a firmar un nuevo tratado de comercio para “importar” marihuana legal mientras camiones cruzan la frontera, de forma ilegal, cargados de mota…

Como han expresado sus críticos  no es suficienten, pero si vemos el inmenso trayecto recorrido entre la postura inicial de Peña Nieto y esta apertura oficial, es un primer paso de gigantes
En Twitter: @isabelarvide / Blog: EstadoMayor.mx