imagotipo

Sin Gafete / Isabel Arvide

  • Isabel Arvide

  • Ganar Veracruz a cualquier precio, perder la honra con Javier Duarte, dilema del pri

El PRI, por tanto, el Gobierno que encabeza el priísta Peña Nieto, están decididos a ganar las elecciones para gobernador en Veracruz a cualquier precio.

Mientras que entregan, con bombo y platillo, Tamaulipas a un panista sin hacer ninguna campaña en su contra.

Los motivos son los mismos: políticos.  De cara a la sucesión presidencial.

Porque si en Tamaulipas gobierna Cabeza de Vaca podrán, en automático, responsabilizarlo del desastre que seguirá vigente. El tema de la inseguridad podrá, fácilmente, serle endosado. Y entonces, a conveniencia, sacarán cualquier cantidad de trapos sucios en contra del ya gobernador.  Operar para conseguir los votos de Tamaulipas será más sencillo que si gobierna el PRI entre balazos, secuestros, e incapacidad.

En Veracruz el factor Miguel Ángel Yunes Linares es el peor dolor de cabeza del Gobierno, y/o del PRI.  Digamos que del binomio PRI/Gobierno.  Yunes, lo saben todos, es un hombre de infinitos recursos políticos.  Una verdadera “Chucha Cuerera” que se sabe todos los entresijos del sistema político mexicano.  Que ha sido varias veces legislador y funcionario público.  Además, es un conocedor de los caminos legales para poner en jaque a las instituciones.

No pueden, no podrían desde ningún ángulo lidiar con él en la casa de gobierno de Xalapa.

Además de que sería muy sencillo enmendar los gravísimos errores y omisiones de Javier Duarte en unos cuantos meses, acrecentando su fuerza y popularidad.

El gobierno/PRI estaría lidiando con un gobernador fuerte, conocedor del manejo electoral, capaz de sumar voluntades a su causa.  Un enemigo imposible de vencer.  Con el agregado de los cientos de miles de votos que pone Veracruz.

Por eso, están dispuestos a derrotarlo a cualquier costo.

Sobre todo, el costo del decoro, de la dignidad, de la peor concupiscencia.  Todo alrededor del pésimo gobernador y peor ser humano que es Javier Duarte. El prototipo de lo que un gobernador no debe ni puede ser.  El hombre con mayor cantidad de señalamientos en su contra.  Justificados, probados, que son voz popular, que están insertos en la percepción de la mayoría de veracruzanos y han traspasado el territorio estatal.

Cualquiera puede asociar a Javier Duarte con corrupción.  Es un gobernador que avergüenza al PRI.

Pero, por razón de Miguel Ángel Yunes, candidato por la oposición, los priistas están dispuestos no solamente a aceptar sus pretensiones dentro del esquema del próximo gobernador, es decir a concederle los espacios que pida, sino también a poner de rodillas frente a su alteza corruptísima a su candidato.

A Héctor Yunes, al mismo que le gritó en su cara que iba a buscar un barco ballenero para ponerlo en la cárcel. Al que se confrontó, justificadamente, con Duarte.  Ahora tiene que ser su súbdito incondicional, casi ofrecerla una disculpa de esas que están tan de moda.

Y cargar con sus imposiciones en la boleta.

Todo para intentar neutralizar, derrotar a Yunes.

Lo grave de esta ecuación es que la desesperación del PRI lo hace regresar a los más obsoletos métodos.  Desde esas “despensas” en bolsas de plástico, también muy de moda últimamente, incluido un billete de cien pesos y una gorra, hasta el juego sucio de las grabaciones “filtradas”.

Yunes será acusado de todos los delitos que puedan inventarse. Cada día le encontrarán un pecado mayor. Cada semana le aplicarán toda la fuerza del Estado en su contra, incluido el silenciamiento (censura se decía en mi tiempo) en los medios.  Yunes Linares no podrá defenderse de los linchamientos cotidianos.

Lo han convertido en un personaje tan rico como en una caricatura, tan perverso y malo como en una película de terror.

Y yo me pregunto: ¿Ya lo vencieron?  Porque las encuestas dicen otra cosa.  Porque llevar seis o siete puntos de ventaja en un electorado que supera las seis cifras es mucho.  Porque así fuese por un voto puede ganar.

Miguel Ángel Yunes puede ser electo gobernador de Veracruz.

Y si así fuese, con toda esa fuerza del binomio PRI/gobierno en su contra será el peor de los enemigos.

Por lo pronto es un animal político, un gran animal político, que ha sido herido.  Lo que lo hace todavía más peligroso.

Si Yunes perdiera el PRI habría perdido la cara.  Habría defendido al peor bellaco que tendría que haber encarcelado, al personaje que todos odian: Javier Duarte.  Y con éste tendría que cargar en sus espaldas.

De cualquier modo, los cientos de miles de votos a favor de Yunes Linares seguirán siendo cientos de miles de votos contra el PRI.  O sea que ganando o perdiendo el PRI no tiene forma de quitarse el golpe brutal de la presencia de Miguel Ángel Yunes Linares. Tal vez sea tiempo de analizar qué les salió mal desde el inicio.
En Tuiter: @isabelarvide
Blog: EstadoMayor.mx