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Sin ti y contigo

  • Pedro Peñaloza

“La vida es como una leyenda: no importa que sea larga, sino que esté bien narrada”.

Séneca

  • Pedro Peñaloza

Hoy, 16 años sin Pedrito. Lo recuerdo, lo recordamos como era, bromista, alegre, cariñoso, ocurrente, rebelde, entregado, soñador y explosivo. Aquí lo traigo, lo traemos. Se fue y nos dolió, nos destrozó, nos recordó que la vida es un instante, refrescó nuestra memoria de lo efímero que somos, ubicó la dimensión de nuestra circunstancia vulnerable, de un golpazo nos hundió en la impotencia de no saber qué hacer.

Nos enseñó a llorar, hasta que se nos agotaron las lágrimas y nos quedaron los gritos; y volvemos a ese dolor inocultable, demoledor, punzante, cotidiano. Nos hizo distintos, vacíos, nos unió más su ausencia. Su corrosivo humor viene de vez de vez, se pasea por mis sueños y mi intimidad, me da sorpresas, hurta mis lentes, vigila mis sueños, apaga la televisión ¡Caramba! cuestiona mi ateísmo. Quizá ese espíritu intrépido no acepta estar en la bruma de lo inasible. Arriba a nuestro territorio con desparpajo e insolencia, es tan de él, que muy bien lo caracterizó y que dejó plasmada en su paso por estás praderas humanas.

Su caminar no se detiene. Hoy lo hace en aquel lugar que desconocemos y que Platón recreo. Pulula entre dimensiones e imaginaciones. Nos intriga su destino, pregunta reiterada de nuestros antepasados. Insistimos en averiguar. Ilusos, curiosos incorregibles. Sabemos de nuestra infructuosa indagación. La sed de buscarlo es más grande y profunda que la frialdad científica. Escribimos de él para confortarnos y evocarlo, su partida prematura resulta contraria a la lógica biológica y evolucionista ¿Dónde está escrito que primero mueren los viejos? Se fue para quedarse. Una simple frase terapéutica y hasta catártica. No más.

Acá nosotros y nuestra circunstancia. Luchando por vivir, esa batalla cotidiana por ser felices, derrotando a las tentaciones que nos lleven a la muerte. Acá, en este pequeño espacio de disputas mezquinas y efímeras. Acá donde debiera estar Pedrito, pero no, no habita por estos rumbos, anda donde no sabemos, y quizá nunca sepamos. Su ausencia la suplimos con escritura y nostalgia, de esa manera nos alimentamos. De esa terrible hambruna que nos dejó su partida.

No somos ingenuos, únicamente terribles soñadores; en serio, creemos que recordar es reconstruir, gozar de los olores de Pedrito, esos que nos taladran la vida, que la aromatizan. Edificamos nuestra capa protectora anual para que nos haga sobrevivir con alegría todos los días. Los muertos únicamente se van cuando los olvidamos.

Lo rememoramos porque lo añoramos, no nos amargamos, no somos de esa estirpe, nuestra lucha es por darle sentido a la vida y cuando la vida se acaba lo aceptamos sin chistar. Así somos, de esa manera vivimos para morir. Traer a Pedro a nuestros recuerdos no es un ejercicio masoquista, de ninguna manera, es parte de nuestra piel, de nuestra sangre, de nuestra memoria, es decir, 16 años son apenas el principio de la narrativa de quien nos acompañó 20 años, es un intento de abrazarlo y de abrazarnos con la misma entrega que lo hacíamos en su tiempo y en su momento. Es nuestro derecho a vibrar.

Mi hijito Pedrito, que yo sepa, no tiene ni Facebook ni Twitter. Vive en nuestro recuerdo, de los terrícolas que lo amamos, de sus hermanos, Emiliano y Lídice Estelí, de su abuela Elenita que tanto lo llora, de su tío Ricardo, que tanto lo quiso. En fin, aquí estamos, otro año más, rompiéndonos de palpitaciones aceleradas y escurriéndonos sal en la cara. ¡Carajo!
pedropenaloza@yahoo.com/

Twitter: @pedro_penaloz