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Sindéresis de búfalos / Numerados

  • Camilo Kawage

1.- La rapiña es de quien la trabaja, sería el lema de los nuevos libertadores de la patria. Pero a diferencia de la antigüedad, con la hábil y eficaz ayuda cibernética de los operadores de redes sociales que conocen muy bien las herramientas del pánico, la psicosis y la amenaza cumplida que se llama terrorismo. Por la vía innoble de la manipulación y al amparo del descontento, el saqueo de televisiones, electrodomésticos y cocinas integrales habría sido igual si el precio de la gasolina en vez de subir abrupta y torpemente operado, hubiese bajado, o aún si el alza se hubiera dado con un dejo de sensibilidad, sutileza y oportunidad. Al contrario, la forma en que se aplicó la medida propició el disturbio de la turba perturbada, a manos de otros más irresponsables.

2.- La circunstancia ha sido de gran utilidad para exhibir la incompetencia de varios actores de la vida pública. Ante los destrozos que reventadores provocaron en edificios históricos de Monterrey, el gobernador se aprestó a advertir que no tolerará más actos de vandalismo, es decir solo unos pocos. La Comisión de los Derechos Humanos sugirió racionalidad en el gasto público, con toda razón: con las cantidades que se ahorrarían desapareciendo el organismo, se podría bajar el precio de la gasolina, evitarse desfiguros, darle credibilidad al Gobierno, y a las garantías individuales no les pasaría nada.

3.- Falta por aclarar la confusión sobre precios, costos y subsidios. Sin necesidad de romper lanzas contra el anterior Gobierno por haber quemado un billón de pesos en subsidios, podía el redactor del mensaje presidencial haber evitado la pifia de insistir en que solo beneficia a los que más tienen, como si pensara que las tortillas, el arroz y la leche Liconsa se transportan por internet, que el transporte público se mueve a vapor, los ferrocarriles se arrastran con mulas, o que solo la minoría de ricos utiliza gas en su casa.

4.- Luego, la novedad de que la gasolina sube por el alza en los precios internacionales del petróleo. No se entendió en esa lógica por qué cuando ese precio cayó de 100 a 22 dólares, nuestra gasolina no bajó, y entonces el Gobierno estuvo a punto de dejar de operar. O no se nos ha dicho que ya no exportamos crudo, que el país no puede refinarlo, o alguna pluma ingenua se enredó en los términos. Parecería más complicado hablar claro y así atenuar la furia de la impotencia callejera que explicar la designación del Secretario de Relaciones Exteriores, que lleva la huella insensata del primer olvido, para que sea interlocutor con el yerno del verdugo.

5.- En uno de esos ataques de modestia que parecen viruélicos, el nuevo canciller afirma que no es diplomático, que no conoce la Secretaría más que lo que se sabe de fuera –tal vez cuando revisaba el presupuesto de Relaciones pensaba que se destina a cambiar cortinas-, y que viene a aprender –debe apurarse, incluido lustrarse los zapatos, pues le quedan como dos semanas-, a tratar con 196 países, operar con los organismos multilaterales, y tomar un curso rápido de simpatía y decoro para, además, entenderse con el yerno. Cuestiones más sofisticadas no han de esperarse en tan corto lapso, como adentrarse en el refinamiento de la cosa pública con la práctica y el ejercicio de la política exterior.
camilo@kawage.com