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Síndrome / Punto de Vista / Jesús Michel Narváez

  • Jesús Michel

Dos hechos que pudieran marcar una etapa de endurecimiento por parte de las autoridades migratorias ocurrieron en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. El primero, la amenaza de una bomba colocada en un avión que se dirigiría a Cancún y que por protocolos de seguridad tuvo que ser desalojado, suspendidas las actividades y sometido a profunda revisión. No pasó nada. Falsa alarma. El segundo, la detención por agentes del Instituto Nacional de Migración y de la Policía Federal de tres jóvenes sirios que arribaron procedentes de Libia, que fueron informados de que serían deportados a La Habana. Nadie sabe la razón para su privación de la libertad.

¡Síndrome de terror! Seguramente los protocolos de seguridad han sido elevados por el Gobierno mexicano sin que a nadie se le haya hecho saber. Después de lo de Francia y lo de Estados Unidos, todo es posible. Sin embargo, pregunté en diversas instancias si existen alertas especiales sobre viajeros de Libia, Siria, Líbano, Egipto y nadie supo darme una respuesta. Sí hay una alerta de la Secretaría de Relaciones Exteriores, pero para viajeros mexicanos que pretenden ir a las zonas consideradas de riesgo inminente, no para los visitantes. No oficialmente.

El que se haya anunciado que en un avión en vuelo doméstico había una bomba, no es cuestión de juego. Si fue una broma de mal gusto, es necesario encontrar al o a los responsables, porque no se debe permitir que el pánico se apodere de los mexicanos. No cuando en París, a pesar del ataque terrorista, se ha vuelto a la normalidad.