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Síntomas de megalomanía neofaraónica / Betty Zanolli Fabila

  • Betty Zanolli

Oscar Wilde bien lo decía: “la ambición, es el último refugio del fracaso” y tal parece que en México el fracaso político no solo va aparejado de ambición sino también de una evidente epidemia de megalomanía neofaraónica.

Allí tenemos el caso reciente de la Secretaría de Cultura, cuya iniciativa de creación contempla el establecimiento de una supersecretaría sin proyecto real que lo único que detonará serán nuevos conflictos de competencia sin remediar los que preexistían desde la creación del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes; que incrementará indudablemente la burocracia en el área y que, paradójicamente, conducirá a un mayor abandono del sector que se dice pretender apoyar, debido a la anarquía que terminará fomentando, en especial en cuanto al ámbito de la educación artística y, sobre todo, de la protección y salvaguarda de nuestro patrimonio arqueológico, histórico, artístico, paleontológico, geológico y cultural en general.

Pero también tenemos otros ejemplos a través de los cuales podemos advertir hasta dónde este trastorno megalomaniaco está afectando a nuestra clase política. Si un organismo en la actualidad ha perdido credibilidad y pundonor ante nuestra sociedad, es el hoy denominado Instituto Nacional Electoral (INE) que, lejos de cumplir con imparcial prudencia y discreción su función como organizador y supervisor de los comicios electorales, se ha convertido en un verdadero e insidioso activista oficial de la vida política nacional. Y es que si algo de él ha generado un cada vez más enconado rechazo social, es que nada justifica la exorbitante derrama de recursos públicos que año con año les son destinados. Y cómo no sentirse ofendido por ello, si ahora además sus propios funcionarios pretenden que festinemos el anuncio de que el INE contará con un nuevo edificio, acorde a la “magnitud” de su crecimiento, amparados en argumentos que en otros tiempos calificaríamos de absurdos y frívolos, pero que en los momentos que vivimos en realidad solo evidencian el profundo divorcio que existe entre las cúpulas del poder político en nuestro país y el resto de la sociedad. Según su director ejecutivo de administración “hay gente hacinada, papel apilado, cajas fuera de lugar”, porque según el consejero presidente del INE la plantilla laboral “aumentó” de mil empleados en 1994 a mil 612 para 2015 más 3 mil 200 dispersos en instalaciones arrendadas. Además, agrega éste, hay 719 millones de pesos que no se han ejercido y “bastan solo” otros 743 que han sido solicitados a la Cámara de Diputados para construir el inmueble, lo que permitirá “ahorrar” 80 millones de pesos de renta anuales y “será una manera de ir reconstruyendo la credibilidad en esta institución”.

Sí, estimado lector, estos son los argumentos con los que se pretende justificar un inmueble “sin derroches ni abusos”, que constará de “solo” dos torres con una macrosala y que estará dotado de una zona deportiva, regaderas, vestidores y ciclopista interna para “mejorar el clima laboral interno y productividad de los funcionarios”… No cabe duda que toda megalomanía provoca el desfase de la realidad. Y es que lejos de que se esté trabajando en pos de la mayor eficiencia y eficacia en el manejo del erario público, en este caso ilustrativo solo se está fomentando el grotesco derroche superfluo mientras el país atraviesa por una de las crisis económicas y sociales más agudas de los últimos tiempos y esto es lo inadmisible. Y lo es por que no hay razón que permita entender cómo mientras se reducen programas de primer orden, comprendidos los de asistencial social; se recortan los presupuestos de todas las secretarías; la inflación crece imbatible; la desaceleración económica se exacerba; se atenta flagrantemente contra el medio ambiente; la inversión económica y el precio del petróleo siguen en picada; el tipo de cambio del dólar y del euro siguen en ascenso y el 90 por ciento de la población mexicana está sometida a una creciente espiral galopante de empobrecimiento, a una institución como el INE, cuyo actuar además de todo ha sido severamente cuestionado, se le esté por autorizar un irracional presupuesto para 2016 y ahora además una partida extraordinaria para crear un complejo alucinante, propio solo para un país del primer mundo, que no es lamentablemente nuestro México y que no lo será mientras nuestra Nación se desangre por la injusticia, impunidad, inseguridad, corrupción, pobreza y, sobre todo, la falta de valores, en especial de los miembros de su clase política.
bettyzanolli@hotmail.com

@BettyZanolli