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Siria: Por qué la brújula apuntó a Europa / Miguel Ángel Ferrer

  • Miguel Ángel Ferrer

Es perfectamente explicable que cientos de miles o millones de individuos busquen abandonar su suelo a causa de la guerra, de la ruina económica, de la persecución religiosa, del riesgo inminente de muerte. Podría decirse que la emigración es la única salida sensata, aunque difícil, dolorosa y peligrosa, para escapar del infierno que se vive o que se ve llegar.

Eso mismo es lo que ahora se ve en Siria, pero, ¡ojo!, la guerra que vive ahora el país árabe lleva más de dos años. ¿Por qué es que hasta ahora se produce el éxodo masivo? ¿Y por qué varios cientos de miles de esos migrantes decidieron dirigirse a Europa y, concretamente, a Europa occidental?

La experiencia histórica y la ciencia demográfica enseñan que esos éxodos con destino determinado se producen cuando se presenta o existe o se emite una señal de que hay posibilidades reales de ser acogidos. Una señal no necesariamente expresa y oficial como la que emitió el general Lázaro Cárdenas, presidente de México entre 1934 y 1940, para manifestar su disposición para recibir a los republicanos españoles derrotados por el ejército fascista de Francisco Franco en 1939.

Esa señal puede ser, como ocurre normalmente, informal, oficiosa, expresada sotto voce. O sencillamente por la vía de los hechos: se recibe a emigrantes y la especie corre como reguero de pólvora. Palabras contrarias aparte, los hechos muestran a los posibles emigrantes que no habrá negativas de entrada ni las posteriores y temidas deportaciones. Una cosa así se ha producido en Europa occidental y específicamente en Alemania. ¿Tan generosa, solidaria y humanitaria se ha vuelto de repente ese Satanás con faldas que es Ángela Merkel? ¿Por qué el éxodo masivo ahora y por qué la apertura de las fronteras europeas en general y alemanas en particular?

Habrá quien diga que esa actitud europea y germana se explica por la necesidad de mucha mano de obra barata ante el pronunciado declive de su población en edad de trabajar. Esta presunción, naturalmente, es perfectamente válida. El envejecimiento demográfico encuentra en la inmigración una fuente supletoria de brazos.

Pero el envejecimiento demográfico europeo no es cosa nueva. Se trata de un fenómeno perceptible desde hace varios decenios. Y es un fenómeno social que ha venido paliándose con inmigrantes también desde hace décadas.

De modo que la pregunta sigue en pie: por qué el éxodo masivo de sirios ahora, y por qué la brújula de los emigrantes apuntó a Europa occidental. Y como en política la mala fe es de oficio, cabe suponer que la carta del éxodo masivo de sirios es una estratagema de Washington y Berlín para desestabilizar aún más al Gobierno del presidente Bashar al Assad y propiciar así su derrocamiento, objetivo principalísimo y declarado de Obama y de sus vasallos europeos.

En los planes occidentales, un éxodo masivo de sirios llegados a Europa sería un pretexto ideal para, con pretextos de contención, justificar una intervención militar directa de Occidente en Siria que obligara a Al Assad a huir y así allanarle el camino a un gobierno al servicio de Washington.

Solo que esos planes no han salido bien. Se ha prestado un hecho imprevisto: el involucramiento directo de Rusia en la guerra contra las tropas mercenarias del Estado Islámico. Y frente a este hecho pierde fuerza como pretexto intervencionista el éxodo masivo de sirios hacia Europa. Como ya es costumbre, Vladimir Putin se ha hecho presente de manera magistral y oportuna para frenar los apetitos de dominio de Estados Unidos.
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