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Sistemas a distancia para los “dreamers”

  • Rosamaría Villarello

  • Rosamaría Villarello Reza

Tanto la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) como el Instituto Politécnico Nacional (IPN), a través de sus titulares, ofrecieron la educación abierta y a distancia para que los connacionales puedan continuar y concluir sus estudios, ante la amenaza de deportación de 400 mil jóvenes mexicanos que hasta ahora son parte del programa de Acción Diferida para los Llegados en Infancia (DACA) de Estados Unidos de América.

Acerca del tema, el secretario de Hacienda confirmó que México no tiene la capacidad presupuestaria para incorporar a esos jóvenes al sistema educativo presencial, por lo que es una de las opciones la propuesta de las universidades públicas del país con las que se les apoyará a los estudiantes de esos niveles; aprovechando las llamadas tecnologías de la información, que hoy resultaría impensable no utilizarlas para la adquisición del conocimiento.

Sin embargo, hay opciones adicionales que coadyuvarían a atender de manera pronta la atención a los famosos “dreamers”, ya sea a distancia o presencial, que es a través de programas de movilidad estudiantil, pues esta modalidad implica la incorporación de estudiantes por un semestre o dos a cursos o programas de investigación (incluyendo períodos vacacionales) y que pueden llevarse a cabo en una o varias universidades del país.

Esto implicaría un presupuesto muy bajo que podría ser absorbido hasta por las propias familias del estudiante, con estancias con familias como se llevan a cabo en intercambios académicos o con programas de instituciones financieras que proveen becas a jóvenes en movilidad estudiantil. Sería coordinarse con los programas de éstas últimas, las instituciones bancarias con las universidades para estos propósitos. Incluso la participación del sector productivo sería una fuente excelente para la recuperación de “cerebros” como lo han hecho muchos países.

Desde tiempo atrás, las universidades han instrumentado modelos de movilidad, así como la propia ANUIES y el Espacio Común de Educación Superior (ECOES), cuyos beneficios para los estudiantes son patentes en su vida académica, profesional y una experiencia de vida.

La de la movilidad es una opción a la que pueden recurrir y en este caso habría que hacer mayor promoción en los consulados y a través de universidades estadunidenses solidarias. Las críticas que se han suscitado a estos jóvenes no tienen lugar, sobre todo cuando en el país no han tenido las oportunidades de desarrollo que requieren. A ello se agrega la inseguridad existente en el país. Lamentable, pero así es.

No obstante, la obligación de México es ofrecerles espacios, también a investigadores y profesionistas que deseen llevar a cabo temporalmente sus actividades en instituciones mexicanas y empresas. Sería una oportunidad de repatriar inclusive “cerebros”, sobre todo de todas aquellas áreas de conocimiento que hacen falta en el país. Puede, incluso, que los jóvenes se queden a ejercer su profesión aquí.

Otra alternativa es la posibilidad de que recurran a otras universidades latinoamericanas o de otras partes del mundo, a lo que el Gobierno mexicano puede ser el principal gestor de ello a través de los convenios que esas instituciones extranjeras tienen firmados con las mexicanas, públicas y privadas.