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Snob / Óscar Valdemar

  • Snob: Oscar Valdemar

¡Hola! Les escribo literalmente desde las alturas y es que justo escribí esta edición desde el avión durante mi viaje hacia lo que yo llamo “Mi exilio interno”, es decir, París. Y es que París y yo tenemos un tórrido romance, cualquiera podría pensar que he encontrado el amor por allá, y efectivamente ha sido así; sin embargo, ha sido de otra manera, no en otra persona sino conmigo mismo. Cada vez que estoy en la “Ciudad luz” sucede conmigo algo muy peculiar, desde la primera vez que la visité y hasta las ahora múltiples ocasiones el encanto perdura y acrecienta una francofilia inexplicable. ¿Otras vidas? Si usted creen en ello, esa quizá sería una explicación válida; si no, creo que es simplemente una identificación y admiración por la apreciación. París se ha convertido en mi exilio interno, puesto que cada vez que viajo a ella, aunque tengo muchos amigos por allá, es cuando más tiempo paso conmigo mismo y sin complicaciones, esas caminatas de días completos perdiéndome y encontrándome en sus calles antiguas me llevan a un dialogo interno donde las interrupciones telefónicas, del whatsapp y otros medios ya sea por trabajo, familia o amigos son escasas, casi inexistentes ¡Todo lo contrario a cuando estoy en México! De tal suerte que, estar en esta hermosa ciudad se ha convertido en, más que turismo, un ejercicio de introspección. También me han cuestionado por qué siempre la misma ciudad y no viajar a otras cuando voy a Europa, la respuesta es que si lo hago, pero generalmente dedico un viaje especialmente a París. Por otro lado, como bien explica Antoine de Saint Exupéry los rituales son importantes, eso es París para mí también, un ritual de introspección y también de celebración ya que suelo realizar este viaje o bien, para mi cumpleaños o alrededor del mismo. Siempre celebramos cosas sin sentido para nosotros, por compromiso con otros, que en diciembre hay que estar con la familia, que semana santa con los amigos, que verano en la playa, el invierno a esquiar. ¿Pero cuándo tomamos el tiempo para celebrarnos a nosotros mismos y nuestra simple compañía? También me ha pasado que amigos me han dicho “yo jamás viajaría solo, mucho menos a Europa”, esto es, porque a París viajo solo, que como bien comenté, tengo muchos amigos en la capital francesa, pero no siempre ha sido así, sino que los he ido conociendo a través de cada viaje; pero, visitarlos no es el corazón de estos encuentros con París, es encontrarme conmigo mismo. Es al único lugar donde viajo solo y sin pena alguna. Mi ritual anual es éste entonces. Viajar es una de las actividades que más amo, no son solo recreacionales sino enriquecedoras en absolutamente todos los sentidos y es que viajar es el acto que expone y en muchos casos, pone a prueba nuestras capacidades. Cuando viajamos salimos de nuestra zona de confort, si bien, lo hacemos dentro de nuestro país ¡Magnifico! Porque aprendemos de la riqueza cultural única en el mundo que poseemos, descubrimos nuevas formas de vernos a nosotros mismos. Algo que aprendí al haber convivido desde muy pequeño con extranjeros fue justo el ver a mi país con ojos de turista, desde afuera; esa admiración con la que las culturas más destacables para mi describen cada paseo por la Ciudad de México, Veracruz y muchos otros, me parece fascinante. Sus rostros de admiración al encuentro con mis hermanos indígenas y sorpresa cuando llegamos a los centros prehispánicos fue algo que quise hacer mío también. Desde entonces, cada ocasión que viajo dentro de México puedo admirar libremente y sin prejuicios a las personas, las cosas y todo lo que se conjuga más allá del lujo y la comodidad ¡Qué obviamente también me encanta!. Esa es otra faceta del turismo en nuestro país, el del gran lujo. Existen en México los consorcios más destacados a nivel mundial, ya sea en Ciudad de México o en la Riviera Maya o Nayarit, es increíble la opulencia con la que se yerguen conjuntos hoteleros cada día más cercanos al sentimiento étnico pero fusionado con lo exquisito. ¡Qué decir del turismo gastronómico en México! No es simplemente saborear un platillo, sino la historia de sus ingredientes y sentimientos de las y los cocineros que artesanalmente los elaboran. Cuando salimos de viaje a otro país ¡La cosa se pone mejor! Porque, aunque vayamos con “All inclusive” siempre se pondrá en práctica nuestra astucia para salir avante en cualquier circunstancia. El simple y llano hecho de hablar otro idioma por ejemplo, en México todos hablamos inglés hasta que salimos a visitar un país angloparlante y nos quedamos con “Cara de what”. Es normal, a mí me pasa aún y eso que he vivido en Estados Unidos por largos periodos y hablando solo inglés, es el simple hecho de hacer “Switch” o cambio del pensamiento de un idioma al otro el que cuando estamos de viaje nos puede complicar las cosas. Insertarse en otra cultura mientras viajamos es otro gran reto. Seguramente habrá quien lea esto y diga “Yo nunca he pasado por ello, viajo con todo arreglado” Y si, es una forma padrísima de viajar pero… ¡Qué enriquecedor es todo lo demás que le platico! ¿O no? Recuerdo mis días en Londres, con ese acento seductor pero que en el caso de los americanos (Mexicanos, ya que América es un continente) resulta difícil de comprender al inicio, que mientras preguntaba por una dirección y la gente amablemente se tomaba largo tiempo para explicarme, porque eso si tienen los ingleses, son muy cordiales con los extranjeros, especialmente con los Latinoamericanos (O esa fue mi experiencia) terminaba literalmente cachándoles solo un pequeño porcentaje del mensaje. Pasados los días y ya con el “Switch” a otra lengua todo fluye mejor. El mundo desde la perspectiva de un viajero es sin duda diferente. Es en México uno de los motores más importantes, creo yo y que ha ido creciendo en los últimos años, por un lado por la exquisita materia prima o recursos turísticos con los que contamos; pero sobre todo por el gran liderazgo de algunas personas como es el caso de Judith Guerra, a quien tengo el gusto de conocer en términos profesionales y cada día mas como el extraordinario líder natural y ser humano que es. Justo estuve con ella sentado para celebrar los primero 10 años de Consolid, organización que dirige y a través de la cual impulsa a la industria. Una exclusiva comida en la Hacienda de los Morales donde reunió a los más cercanos a ella en términos de comunicación para celebrar la década de éxito. De sorpresa y coincidencia, llegó el secretario de Turismo del D.F., Lic. Miguel Torruco, a dar unas palabras de felicitación a Judith al tiempo que llegaba también Miguel Alemán Magnani, para continuar con las enormes felicitaciones. En el mismo tono, comparto con Judith la pasión por viajar y le manifiesto mi más sincera admiración por todo lo que aporta a México a través de la industria del turismo. Antes de finalizar, permítame compartirle una frase que me encanta a este respecto de los viajes, es de Hipólito Taine y dice: viajamos para cambiar, no de lugar, sino de ideas. ¡À bientôt!