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Snoopy El Destructor / Paul Krugman

  • Paul Krugman

¿Snoopy nos acaba de condenar a otra crisis financiera grave? Desafortunadamente, esa es una posibilidad real, gracias a un fallo judicial negativo que amenaza a una parte clave de la Reforma Financiera.

Algunos antecedentes: cuando la catástrofe golpeó al sistema financiero de Estados Unidos, aquejado por los problemas, en septiembre del 2008, la causa próxima era el inminente colapso de tres compañías, ninguna de las cuales era un banco en el sentido normal de la palabra, es decir, instituciones que reciben depósitos y los prestan. Una de ellas era, claro, Lehman Bros.; las otras dos, The Reserve, el fondo del mercado de dinero, y American International Group o AIG, la aseguradora.

Lehman se declaró en bancarrota, mientras que The Reserve, que había perdido dinero con Lehman, congeló las cuentas de los clientes y, al final, se vio obligada a liquidar. A AIG la rescataron con una línea de crédito de 85 mil millones de dólares de la Reserva Federal de Estados Unidos; a cambio, ésta se quedó con 80 por ciento de la propiedad de la compañía.

El incidente mostró que la regulación financiero tradicional, la cual se concentra en los bancos que reciben depósitos, es inadecuada en el mundo moderno. No es solo que cualquiera que pide prestado a corto plazo para financiar inversiones arriesgadas -que es lo que hacía Lehman- crea el mismo tipo de peligro que un banco convencional. También existe un alto grado de interconectividad: AIG no era un banco, pero estaba vendiendo garantías sobre activos financieros, y los temores de que pudiera no cumplir con esas garantías amenazó con derribar las fichas del dominó en toda la economía.

Oh, y sí, el incidente también mostró que hacer de la división de los grandes bancos la razón de ser de la reforma es no entender nada.

Lo que necesitamos es una regulación que limite los riesgos de las instituciones no bancarias – y la reforma financiera trata de hacer justamente eso. La forma de hacerlo es permitiendo que los reguladores designen a algunas empresas “sistémicamente importantes”, lo que significa que, como AIG, su bancarrota o la posibilidad de ella podrían amenazar a la estabilidad financiera. Una vez que una institución está tan designada, es sujeto de supervisión y regulación extras.

¿Qué es lo que determina que una empresa sea sistémicamente importante? No existe ninguna regla clara, no puede haberla porque de haberla, los abogados corporativos encontrarían las formas para evadirla. En cambio, es una decisión de conciencia. Sin embargo, los gigantes financieros a los que no les gusta que los regulen están tratando de usar los litigios para cuestionar esas decisiones.

Lo que nos trae de vuelta a Snoopy, el que, por razones que no entiendo del todo, ha sido de tiempo atrás el emblema del gigante de los seguros, MetLife.

A finales del 2014, los reguladores designaron a MetLife, cuyos negocios se extienden mucho más allá del seguro individual de vida, una institución sistémicamente importante. Otras firmas que enfrentan esta designación han tratado de que se las quiten cambiando su modelo de negocios. Por ejemplo, General Electric, que se había vuelto más sobre finanzas que sobre las manufacturas, ya vendió gran parte de su negocio financiero. Sin embargo, MetLife se fue a los tribunales. Y ganó un fallo favorable de Rosemary Collyer, una magistrada del Tribunal Federal de Distrito de Estados Unidos.

Fue un fallo peculiar. Collyer se quejó en repetidas ocasiones de que los reguladores no habían hecho un análisis de costo beneficio, que la ley no dice que debería hacerse, y por buenas razones. Después de todo, las crisis financieras son acontecimientos raros, pero drásticos; es poco razonable esperar que los reguladores prevean con antelación exactamente cuán probable es que haya una siguiente crisis o cómo podría evolucionar antes de imponer estándares prudentes. Exigir que los funcionarios cuantifiquen lo incuantificable establecería, en efecto, una fuerte presunción en contra de cualquier tipo de medidas de protección.

Claro que eso es lo que quieren las firmas financieras. A los conservadores les gusta fingir que la designación de “sistémicamente importante” es, de hecho, un privilegio, una garantía de que se rescatará a las firmas. Allá en el 2012, Mitt Romney describió esta parte de la reforma como “un beso que se les ha dado a los bancos de Nueva York” (nunca dejan pasar la oportunidad de hacerle burla a esta ciudad, ¿verdad?), “un enorme beneficio para ellos”. No obstante, es raro decirlo, pero las firmas están haciendo todo lo que pueden para evitar este “beneficio”; y las acciones de MetLife aumentaron marcadamente cuando se dio el fallo.

El gobierno federal apelará el fallo de MetLife, pero, aun si gana, es posible que esta decisión abra las compuertas para una oleada de recusaciones contra la reforma financiera. Y ese es el sentido en el que es posible que Snoopy nos esté llevando a un futuro desastre.

No tiene que suceder. Al igual que muchas otras cosas, las elecciones de este año son cruciales. Un demócrata en la Casa Blanca haría cumplir el espíritu tanto como la letra de la reforma; y también nombraría jueces que simpatizaran con la empresa. Un republicano, cualquier republicano, haría todo el esfuerzo posible por debilitar a la reforma, aun si no manejara una revocación explícita.

Solo para ser claros, no estoy diciendo que la reforma financiera del 2010 fuera suficiente. La siguiente crisis podría darse aun si permanece intacta. Sin embargo, las probabilidades de una crisis serán mucho más elevadas si se viene abajo.