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Agenda Ciudadana

  • Rebecca Arenas

  • Rebecca Arenas Martínez
  • Sobre el Brexit y sus consecuencias

Para el profesor Lutz Lange por su solidaridad y apoyo

Inmersos como estamos en nuestros múltiples problemas internos, los mexicanos apenas desviamos la atención hacia lo que ocurre fuera de nuestras fronteras. La gran población concentrada en lo suyo observa con lejana indiferencia los acontecimientos que se producen en el mundo. No somos una isla, pero nos comportamos como una península, atentos a lo que ocurre en Estados Unidos, por las repercusiones que ello pueda tener para México, no en balde el 85 por ciento de nuestro comercio es con esa potencia.

Esta actitud, sin embargo, nos impide “tener la película completa” de los acontecimientos, que más tarde o más temprano, terminarán impactando nuestra realidad. Hoy por hoy, la interdependencia juega un papel nodal, haciendo que no haya un hecho relevante en el mundo, lo suficientemente distante para que más tarde o más temprano, directa o indirectamente no nos afecte.

Lo anterior viene a colación por el referéndum conocido como «Brexit» que acaba de llevar a cabo el Gobierno inglés, en donde la ciudadanía de ese país, emitió su sufragio para decidir si Gran Bretaña seguía siendo parte de la Unión Europea o se salía.

Los estudios de opinión previos, preveían que los resultados serían cerrados, aunque indicaban una relativa ventaja a la opción de permanecer en la Unión Europea. Lo que al final no ocurrió.

Para sorpresa de propios y extraños, ganó el «Brexit», es decir, la opción de abandonar la Unión Europea, dejando un mundo de hilos sueltos, que afectarán a los grandes consorcios, bancos y transacciones financieras y comerciales de gran calado en el mundo, pero también a la numerosa población de ingleses que han venido trabajando como en casa, en los distintos países de la Unión Europea y que de la noche a la mañana serán extranjeros en la Unión Europea, con todas las implicaciones y complicaciones que ello conlleva.

Los más importantes bancos del mundo que tienen su sede en la City of London, con multimillonarias transacciones con la Unión Europea, cambiarán su sede a Frankfurt, París o Dublín, porque un banco que opere en la Unión Europea tiene que tener residencia en la Unión Europea. Un caso curioso, el de las Islas Fidji que exporta productos primarios, principalmente azúcar a la Unión Europea, al través de una compañía británica, ahora deberá buscar a una empresa de la Unión Europea para que transporte sus productos.

Los observadores más agudos, señalan que el Reino Unido o Gran Bretaña, podría convertirse en la Pequeña Bretaña si como se insiste Irlanda del Norte y Escocia, que votaron mayoritariamente por permanecer (Escocia en un 65 por ciento) hoy se niegan a acatar el referéndum propuesto por el primer ministro inglés, David Cameron, quien paradójicamente apoyaba la permanencia de Inglaterra en la Unión Europea.

El referéndum como sabemos no es una acción vinculante, y el Gobierno inglés aún podría decidir no acatar los resultados de «Brexit». El costo político que una acción de este tipo provocaría, en la ciudadanía y los políticos que votaron por la salida, sin duda generaría un cisma de costos aún mayores que los actuales, si tenemos en cuenta que los dos partidos importantes en ese país, el Tory y el Laborista, hoy se encuentran divididos y enfrentados entre sí. No hay un clima favorable al dialogo, menos aún para la búsqueda de acuerdos.

Con el triunfo del «Brexit», hay que decirlo, cambiaron las reglas y con ello el modus operandi financiero y económico mundiales. Quienes apoyaban la permanencia, señalan que el «Brexit» es el triunfo del populismo demagogo de algunos políticos, que influyó fuertemente en una población mayoritariamente vieja y nostálgica de los días de gloria de la Inglaterra del Commonwealth. Miopes ante el ominoso armamentismo ruso y el poder económico de China, quisieron liberarse de las severas reglas de la Unión Europea y continuar por sí mismos, sin aceptar que el mundo cambió diametralmente en los últimos 50 años.

La población joven inglesa, educada en la globalización, consciente de los beneficios para su país de permanecer en la Unión Europea, no estuvo lo suficientemente presente en las urnas. Un craso error, por el que muy pronto empezarán a pagar la factura.

Más allá de sus resultados, lo que los mexicanos reconocemos del «Brexit», es el orden, la legalidad y la transparencia con que el pueblo y el Gobierno ingleses llevaron a cabo este polémico y crucial referéndum. En el clima de irrespeto, falta de valores y altura de miras en que vivimos, que en otras partes del mundo ocurra lo debido, nos admira y nos genera envidia «de la buena”.

rayarenas@gmail.com