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Sobre el cadáver de Hillary / Juego de Palabras / Gilberto D’ estrabau

  • Gilberto Destrabau

Durante el siglo pasado, cuando se trataba de prestidigitar un sucesor, las únicas manos que había que cuidar eran las del Presidente. Por supuesto que no dejaban solo al incumbente el lobby financiero/empresarial, los medios – que no podían votar, pero sí vetar – y las vacas sagradas del establishment.

Las manos que todo el mundo ve

Algunas tradiciones son muy difíciles de eliminar. Una de las que conserva fuerza es el tlatoanismo del presidente en turno. En la iconografía náhuatl, al tlatoani lo señala la lengua que sale de su boca y que lo identifica como “el que habla”. Luego, lo que diga el Presidente tiene peso, tanto en la nominación del candidato de su partido, como en su elección.

Vivimos en un  sistema de partidos, para muchos, una partidocracia. Los partidos, además de seleccionar -o hacer como que seleccionan– un candidato, contribuyen con su organización y recursos a la elección. Algunas veces lo ayudan a ganar, las más, parecería que trabajan para que pierda.

Las manos que se adivinan

Como alguna vez me dijo el expresidente Salinas, mientras la falla de San Andrés corra de norte a sur, no nos vamos a quitar de encima a los gringos. Con el tiempo suficiente como para que se aclimate o se aclimuera, están renovando embajador(a). Es oportunidad para que muchos recuerden que, cuando era secretaria de Estado, la hoy virtual candidata demócrata a la presidencia, dijo que, si el PRI regresaba a Los Pinos sería “sobre su cadáver”. Habrá que ver si ya presidenta, repite el voto en cuanto a la permanencia del tricolor en el cerro de San Miguel.

Los güeros nos tienen agarrados por los tompiates especialmente en economía y seguridad, y pueden intervenir en la elección presidencial de incontables formas. El descuento de 5.5 millones a la Iniciativa Mérida y la sacada al balcón como desderechohumanizados, se parece mucho a un recordatorio de que están pendientes.

Están levantando la mano las iglesias. Hay que hablar en plural, pues la opinión de la jerarquía católica ya no es la única que incide en los creyentes y millones de mexicanos se han afiliado a las sectas que pululan en el norte y sur de la República. Lo que digan curas, pastores e imanes – pues Mahoma cada vez tiene más seguidores entre nosotros – antes de la elección, decidirá muchos votos. De todos modos, permanece la tradición de traer un Papa en los albores de la sucesión, y armar la pasarela de aspirantes.

La CTM ya no controla ni al Sindicato de Vendedores de Ceviche de Puerto Escondido, y el PRI, del cual sigue siendo un sector, seguramente no escuchará esta vez que desde Vallarta le garanticen 20 millones de votos. Los líderes sindicales van a alinearse por donde les convenga, y nadie podrá contar con el voto obrero. Más apoyo puede esperarse de la CNC – que ya no emite el “voto verde” reservado para los ecologistas – porque los años pasan pero la maldición gitana permanece: los campesinos mexicanos están organizados para votar, no para producir.

En próximas entregas, Deo volente, seguiremos con la nómina de los que realmente tienen vela en el entierro, y de los que ni siquiera conocen al difunto.

Buenos días. Buena suerte.
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