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Socialmente responsable: una cultura positiva / Cuidémonos

  • Hazael Ruíz Ortega

  • Hazael Ruiz Ortega

Las heroínas y los héroes existen en nuestros tiempos. Sí, son personas físicas o morales “de carne y hueso”. ¿Quiénes son? ¿Cómo se identifican? ¿Cómo visten? ¿Usan capas o máscaras o accesorio que los haga fácilmente identificables? No, nada de eso. A esos personajes se les puede encontrar en casi todas las áreas productivas, en la cultura, la ciencia y demás. En estricto sentido, los hay en abundancia en la sociedad.

Pero ahora solo nos referiremos a los que viven y reproducen la cultura de la llamada “responsabilidad social”. En Responsabilidad Social Empresarial (RSE) y la Ciudadana. De la empresarial, no es cosa menor, el generar valor agregado y cumplir expectativas de beneficio e impacto positivo en el corpus social. Del directo: el mercado, clientes, personal, proveedores, impuestos, accionistas y reinversión.

Pero, la nueva mirada con mayor horizonte, es cuando busca por distintos medios preservar valores culturales, la tierra, la comunidad, la tradición, tecnologías limpias y va más allá de las “donaciones” o el altruismo que veces solo se expresa para guardar las apariencias.

Otra consecuencia positiva de la responsabilidad social, es cuando se utiliza como herramienta de evaluación integral, para conocer, analizar, medir, comunicar y premiar la contribución.

Sobresalen empresas con reconocimientos. El Centro Mexicano para la Filantropía (Cemefi) entregó hace unos días los Reconocimientos 2016, subrayando características de una práctica ejemplar en la RSE: “Impacta directamente a todos los públicos con los que se relaciona una empresa, contribuye al éxito del negocio, responde o resuelve alguna expectativa social”

El citado Cemefi elaboró hace aproximadamente 15 años un Decálogo del ciudadano socialmente responsable:

“1. Participa en los procesos de elección de las autoridades, ejerciendo su derecho al voto; 2. Observa y cumple las leyes y normas que rigen la convivencia social y respeta la autoridad que de ellas emana; 3. Paga los impuestos correspondientes, promueve y exige la transparencia y el buen uso de los recursos; 4. Es corresponsable con el desarrollo, la elevación de la calidad de vida de las personas, el bienestar de su comunidad y su país, participa identificando problemas públicos y proponiendo soluciones; 5. Actúa bajo principios y valores de respeto y tolerancia a la pluralidad y a la diversidad, “el respeto al derecho ajeno es la paz”; 6. Cuida los bienes públicos y colabora en su preservación y su mantenimiento; 7. Cuida y respeta el medio ambiente y hace un uso adecuado de los recursos; 8. Contribuye a preservar la identidad y el legado cultural de las diversas comunidades y pueblos que conforman el país; 9. Aporta tiempo, talento y recursos en favor de su comunidad; 10. Es solidario con los demás.

Este no es vinculante, al asomarnos y analizar sus partes, vemos “llaves y las contrallaves”, los derechos y las obligaciones, conceptos de interés a la hora de construir e invertir en nuestra vida para hacernos responsable de ella.

La buena noticia, en el Proyecto de Constitución Política de la Ciudad de México, ya están presentes los deberes de las personas y ciudadanía.

Existen varios obstáculos en el camino de la responsabilidad social: la apatía, el individualismo a ultranza, la victimización permanente, el temor, el exceso de confianza, ausencia de seguimiento (de autocrítica, la retroalimentación y transparencia), entre otros.

Ejercer la responsabilidad social de nuestros actos con impacto positivo hacia la sociedad y medio ambiente, es un gran honor de humanismo.
hazael.ruiz@hotmail.com