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Son personas serias / Catalina Noriega

  • Catalina Noriega

Se empieza a pasar de la queja constante, a la exigencia de que se escuchen las propuestas. Sectores muy preparados de la sociedad civil se dirigen al Gobierno, le hacen llegar –o intentan- lo que consideran como soluciones a graves problemas y le piden que se incluyan en las políticas públicas. Falta que los diosecillos se bajen de la nube y atiendan a quienes tendrían que ser su primera prioridad: sus “gobernados”.

En el Foro Plural frente a la Desigualdad y la Pobreza se habló fuerte y claro. 60 organizaciones civiles y más de 100 intelectuales debatieron sobre una realidad nacional, que sigue desapercibida para los que tendrían que estar más empapados del tema. Los asistentes aportaron sus conocimientos, con el fin de llegar a conclusiones que pudieran convertirse en punto de partida, para lograr el cambio.

De trayectorias sólidas, lo mismo intervino el expresidente del IFE, José Woldenberg, que el reconocido académico Mauricio Merino y el especialista en desarrollo social, Rogelio Gómez Hermosillo, por solo nombrar a tres de los tantos personajes comprometidos con el presente y el futuro de este país.

El objetivo era el de plantearle al Congreso, en plena etapa de la hechura del presupuesto, cuatro puntos esenciales, a incluir. Serían la piedra angular para conseguir una menor desigualdad y la justicia distributiva, a la que jamás accedemos.

En primer lugar habría que eliminar programas redundantes, subsidios regresivos y la proliferación de programas sin resultados, como los subsidios agrícolas y ganaderos, además de la condonación de impuestos a grandes empresas.

En segundo término, reducir los espacios para uso político del gasto público y el gasto oneroso de la administración pública (Bonos, seguros médicos particulares, financiamiento a campañas y propaganda oficial).

Como tercera sugerencia, fortalecer las inversiones sociales de salud, educación e infraestructura productiva. Incluir mecanismos efectivos contra la corrupción, ampliar el sistema de protección a la salud, para lograr la cobertura universal y otras asignaturas pendientes.

El cuarto y último, crear los mecanismos de rendición de cuentas, que permitan un uso eficiente y transparente de los recursos públicos.

Se trata de lograr que se modifiquen políticas inútiles, erróneas, que propician el crecimiento constante de las cifras de la pobreza. Se supone que los legisladores partieron de un presupuesto cero, a fin de conseguir hacer más con menos, obligados por la crisis.

La sociedad civil intenta involucrarse y colaborar. Busca que se concienticen del desastre palpable, de la conflictiva que, al observarse de fuera redunda en conclusiones objetivas.

Se asignan sueldos escandalosos, en tanto el salario mínimo resulta una burla. Además de ser el más bajo de América Latina es insuficiente para cubrir las necesidades mínimas.

El 70 por ciento del gasto incumple su objetivo y siete de cada 10 pesos, no llegan al destino previsto. Un buen porcentaje de la inversión social va a dar a las manos equivocadas, mientras dejan sin ayuda a millones de marginados.

Se tira el dinero en gastos superfluos, de quienes forman parte del círculo de los privilegiados. Se les premia con montones de billetes, mientras se recortan presupuestos de salud, de educación, prioritarios para las personas. Se modifican renglones fijos, por ocurrencias e intereses espurios.

Gastan mucho y mal. O corrigen a tiempo, o tarde o temprano, pagarán las consecuencias.

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