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Son Politikon

  • Son Politikon / Arisco-Teles

Arisco Teles

La lucha interna por el poder dentro del PRI sacude sus estructuras y precipita los tiempos de la sucesión. Su fuerza real, era llegar unidos hasta el final con un tapado. Todos se concentraban en fortalecer al Presidente en turno y cumplir sus programas. El día del destape, el elegido resultaba el mejor y todos festejaban la decisión. Generalmente el ungido no era el que suponía la voz popular. Cuando llegó el grupo alemanista con muchos jóvenes brillantes y gran ambición, la sorpresa fue la menos esperada, la evaluación favoreció a Ruiz Cortines, hombre discreto, callado, institucional y de edad avanzada para aquellos tiempos, no formaba parte de esa generación. Su experiencia y lealtad fueron garantía para la consolidación del programa y reformas de transformación del Alemanismo, ningún otro lo hubiese hecho mejor. Después de él, la sorpresa fue López Mateos, la consolidación obligaba a una etapa, con sangre fresca pero experimentada, para dar otro fuerte impulso al desarrollo de la nación. La ley del péndulo funcionó. Los Presidentes del PRI duraban seis años en su encargo, fortaleciendo la unidad nacional. En sus épocas de oro hubo una especie de alternancia generacional interna con buenos frutos para el desarrollo nacional. Las crisis en los partidos se deben superar para crecer, de otra manera ante la decepción popular, nos pueden llevar a la improvisación de candidaturas independientes, que no es lo ideal, sería reconocer que los partidos no cumplen su verdadera función.

Todos pueden aspirar, es legítimo, hay que respetar los tiempos, todavía falta mucho por recorrer. Ahora solo se podrá jugar al Juan “PRIRULERO”, que cada quien atienda su juego para servir al pueblo y al Presidente de la República; por cierto los está observando (calificando) para su próximo y esperado ajuste de la maquinaria oficial. Solo a él le corresponde dar el golpe de timón para corregir el rumbo y así será. Después del Informe se inicia la última etapa del periodo presidencial, es el momento de cerrar filas para pasar a la victoria.

Lo que pasó, pasó, “palo dado ni Dios lo quita”. En esta nueva transición del PRI, la presencia de Enrique Ochoa, puede (por sus conocimientos en materia electoral) reformar en la próxima Asamblea de su partido sus estatutos y fortalecer su declaración de principios. Por su actitud renovadora debe retomar las banderas populares y democratizar la selección de candidatos. También deberá sacudir las estructuras anquilosadas de sus organizaciones afiliadas y recordar a los gobernadores que el PRI es solo uno, de carácter nacional y que su líder es el Presidente de la República; hay que terminar con los cacicazgos para que prevalezca la voluntad popular. Debemos considerar que el PRI va para los cien años de su fundación, no es un asunto generacional, ni de género, deben incorporar más jóvenes, mujeres y reconocer a los veteranos por su esfuerzo, aprovechar su experiencia y sabiduría que nadie debe menospreciar, “más sabe el diablo por viejo, que por diablo”. En la política la escuela de la vida es la mejor universidad para servir a la comunidad y a la Nación.

Enrique Ochoa empezó con un buen discurso, ahora habrá que cumplir con lo prometido en corto plazo. Sus retos: transformar y restructurar al PRI; abrir las puertas; transformar los sectores; representar las legítimas causas populares; exigir buenas cuentas a los gobernadores, presidentes municipales y legisladores, responsabilizándose de su gestión; seleccionar buenos candidatos; ganar las próximas gubernaturas; coadyuvar en la solución de los problemas nacionales y especialmente resistir frente a las ambiciones de los grupos de poder interno para frenar la lucha por la sucesión presidencial. Tiene buenos antecedentes, “un buen gallo donde quiera canta”.