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Son Politikon

  • Son Politikon. Alberto Juárez

Arisco Teles

A José Calderón, el Filósofo de Güemes QPD.

El Congreso de la Unión avanza legislando con pulcritud y respeto absoluto de los Derechos Humanos de todos los hombres. En el tema de la corrupción no se abren las puertas para linchamientos (bullying); el honor de cualquier persona es respetada. Por eso, en la ley penal prevalece el principio de inocencia, solo las autoridades competentes pueden abrir una investigación e impartir justicia apegadas a la legalidad. Para los ciudadanos existe la denuncia pública que debe ser acompañada de datos y pruebas fehacientes. No es nada saludable estar tirando piedras desde el anonimato, o andar divulgando chismes o calumnias; el que tenga información veraz que denuncie y si no le consta un hecho, que no haga juicios sin conocimiento. Sin chismes o habladurías seríamos una sociedad respetable, más fuerte y constructiva.

El asunto de la corrupción es un mal que viene acompañando a la humanidad desde sus orígenes, es un problema de principios y valores que se da en todas las capas sociales del mundo. Hay muchas formas de corrupción en el caso de los servidores públicos, el pedir o aceptar dinero por realizar un trámite o dar una autorización, es un delito grave y el ciudadano que acepta o propone se vuelve cómplice, lo correcto es que denuncie al responsable. La disposición de bienes públicos bajo su cuidado es un peculado. Así podríamos señalar diversas hipótesis. Salvo en el “peculado”, en los demás casos hay corresponsabilidad de un ciudadano o una persona moral. Participar en la realización de una obra pública y dar una comisión al servidor público, también es un delito para ambos; en la compra de bienes o servicios, es igual.

Formar parte de la sociedad implica responsabilidades y derechos legales, cívicos o morales. Cada persona debe ser honesta y conducirse con patriotismo. Si todos los días hacemos un examen de conciencia, sabemos realmente qué hicimos bien o mal. Solo juntos, Gobierno y ciudadanos, podremos desterrar este mal de la humanidad; demos un buen ejemplo a nuestros hijos, para elevar los valores éticos de la nación. Que los actos de corrupción no se vuelvan una costumbre, para que ningún ciudadano se preste a participar y se justifique solo diciendo que son unos corruptos sin llegar a denunciar. Hay muchas formas incorrectas de actuar que dañan al país, por ejemplo, algo común es que muchos viajeros que van al extranjero, cuando regresan al llenar el formulario aduanal de ingreso, no se conducen con verdad y algunos todavía comentan entre amigos su gran habilidad; es malo si lo hacen otros y genial si lo hago “yo”. Adquirir o traer artículos de contrabando es un daño a la nación. Comprar lo robado es igual y favorece a la delincuencia. También es reproblable crear productos o bienes de mala calidad; pagar salarios injustos; dar mordidas para obtener contratos, ventas y/o evitar sanciones; dejar de dar clases; engañar para obtener un lucro indebido; alterar informes o cuentas; aprovecharse de la ignorancia de la gente; en fin, hay cientos de acciones que cotidianamente se realizan de esa manera por casi todos los sectores de la sociedad.

Por todas estas razones el combate a la corrupción debe ser más amplio, se necesita un programa nacional de concientización para recuperar nuestros valores, principios y buenas costumbres. Es un mal social que corrompe y destruye al Estado, cada ciudadano debe evitar caer en ese tipo de actitudes, actuando con civismo y honestidad, con: “Yo soy el aventurero, el mundo me importa poco…, y hago de mí lo que quiero”.
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