imagotipo

Son Politikon / Arisco Teles

  • Son Politikon. Alberto Juárez

El papa Francisco hizo su entrada triunfal en México, bastión del catolicismo mundial. No llegó con aires de grandeza o santidad, vino como un auténtico líder revolucionario del Cristianismo para trasformar su Iglesia y a la humanidad, es mensajero auténtico de la Doctrina de Jesucristo y los valores que deben prevalecer entre los hombres. Su mensaje en la Catedral de México fue para sacudir conciencias, establecer compromisos y rumbo ante los altos jerarcas “Cardenales, Arzobispos y Obispos de la Iglesia católica en México”; categórico señaló: aquí no hay Príncipes, son responsables de conducir por el buen camino a millones de mexicanos. Esta es una Iglesia de Puertas Abiertas, su conducta debe ser ejemplar, congruente y llena de humildad.

Por lo anterior se inicia una nueva época en México: el Renacimiento del Catolicismo Mundial, actualmente en decadencia en algunas regiones del planeta. Somos una población mayoritaria de católicos a nivel mundial, tenemos el privilegio de ser el asiento y hogar de la Virgen de Guadalupe. Razones para ser una nación ejemplar donde debe prevalecer la fraternidad, respeto y amor entre los hombres, ya no basta la fe para una sana convivencia, es necesario actuar cotidianamente bajo los más elevados valores y principios del cristianismo. Si cada uno se esmera en superarse y actúa con autenticidad, la calidad de vida sería superior. Es importante que los dignatarios de la Iglesia convivan permanentemente entre sus fieles para su debido comportamiento y solidaridad. Se trata del futuro de nuestros hijos y nuestro hogar (la tierra).

Los demás mensajes han sido para todos los seres humanos. Debe ser ahora el despertar de la humanidad. No es suficiente ser bautizado,asistir a la Iglesia, rezar o pedir perdón, hay que ser honestos con uno mismo y actuar con forme a los principios que a la mayoría de edad cada quien eligió: “El que esté libre de culpa que arroje primera la piedra”.

Asimismo, destacó la integración familiar como base del desarrollo nacional, su atención por la Iglesia y el Estado debe ser prioritaria. La formación integral de la familia, de la sociedad, de la Iglesia y del Estado es piramidal. La punta debe ser de excelencia, vigilante de las bases estructurales y del entorno para su debida conservación. Cada nivel debe funcionar sin romper la unidad y espacio de interrelación. Si la punta falla debe apuntalar o corregir, si la base se corroe, la pirámide se derrumbará.

La moral de los hombres es el adhesivo que une las piedras del monumento nacional. La escalinata para subir, debe estar al alcance de todo con oportunidades y apoyos para crecer.

La visita del Papa, hombre sencillo, de gran sabiduría, congruente y visionario, ha sembrado semillas que habrán de germinar, cada uno que cuide la suya y la haga florecer. Será un despertar de la humanidad, que el materialismo adormeció generando violencia, corrupción y destrucción. Nos dejó una estela luz y que sus guías espirituales cumplan con su deber sagrado en esta etapa de transformación y evolución de la humanidad.

Como Jefe de Estado fue cuidadoso y respetuoso con las autoridades civiles, sin dejar de externar su preocupación por los males que aquejan a la nación. La meta es alcanzar con equidad y justicia, la paz y el bienestar general de la sociedad.

Por fortuna en pocos días sus palabras estarán vigentes. Después del sacudimiento de conciencias, se percibe un ambiente diferente y un cambio de actitudes, que sea para bien y duradero. Ha sido una gira Papal única en la historia del mundo, ¡por algo será!

Ahora, a redoblar esfuerzos y hacer una evaluación personal diaria para nuestra superación y bienestar. Pronto veremos resultados positivos. Hay que felicitar a todos los servidores públicos y a los miembros de la sociedad que participaron en la organización. Todos los ojos del mundo estuvieron puestos en la nación mexicana. No fue una gira de cortesías y apapachos sino conocer a fondo al pueblo de México (sus problemas y destino). Hubo una convocatoria para sacudir conciencias, profundizar en la raíz de los problemas, para sumar esfuerzos fraternidad y amor y, juntos desterrar los males de nuestra época. En alguna medida todos somos corresponsables del porvenir.