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Sopa de smog

  • Gabriela Mora

En las recientes semanas, la Ciudad de México ha experimentado un cambio que todos sentimos. Como es natural en esta época del año, una ola de calor presagiando el verano ha impactado a los chilangos, a tal grado que el bloqueador solar no puede faltar en el día, y en las noches un ventilador en el cuarto. Y para mucha gente no cae nada mal: después de muchos meses de lluvias, viento y frío, se disfruta mucho el sol y el calorcito. ¡Ya hacía falta!

Pues bien, la realidad es que, con estos cambios de clima, la situación va mucho más allá del frío y el calor. Con el aumento general en la temperatura de la Ciudad, se provocan también situaciones como el estancamiento del aire y, por lo tanto, de contaminación. Como bien se sabe, la Ciudad de México se encuentra rodeada de montañas, y al hacer falta una corriente de aire que se lleve la contaminación que tantas personas producimos, los niveles de gases tóxicos en el aire disminuyen la calidad de éste. Ya nos han tocado (al menos desde el año pasado) estados de contingencia y medidas que el Gobierno implementa para “controlar” este problema.

Actualmente nos encontramos en la Fase 1 de esta medida de contingencia, y lo que se plantea es que los automóviles que tengan verificación con holograma de 1 en adelante (dependiendo, en caso del holograma 1, de las placas del auto), dejen de circular al menos una vez a la semana.

Es entendible, incluso a estas alturas del cambio climático vital, que haya regularizaciones para evitar dañar al planeta cuanto sea posible. La cuestión es que, de nuevo, los ciudadanos somos quienes la tienen de perder. Estas regularizaciones se emplean únicamente en vehículos regulares. Sin embargo, existen muchísimas fuentes contaminantes que no están siendo reguladas, y que, lejos de eso dañan el aire y el medio ambiente mucho más que los automóviles o motocicletas.

Fábricas, aviones, incluso los camiones. ¿Quién no ha tenido la experiencia, quizá diaria, de ir en la calle y ver un camión de transporte público, o de carga, o tráilers que pasan dejando una enorme fumarola de smog gris o café? Y a estos vehículos, ¿cómo se les regulariza? Porque definitivamente no pasarían sus respectivas verificaciones. Y, con lo estrictos que están con las verificaciones para vehículos de uso regular o privado, no sería demasiado como ciudadanos exigir que estos vehículos estuvieran en las mismas condiciones que se pide a los ciudadanos.

En fin, con todo y todo, es importante hacer conciencia acerca de este gran problema ambiental. El siglo pasado fue testigo de grandes avances tecnológicos e industriales. Sin embargo, también de un gran daño al planeta, y este problema se debe solucionar. Como ciudadanos (además de las regularizaciones impuestas por nuestras autoridades), se extiende la invitación a hacer pequeños pasos para ayudar: no tirar basura y separarla, ahorrar agua y luz eléctrica o instalar paneles solares (no son tan caros como algunos creemos), y utilizar el coche lo menos que sea posible.

Cabe mencionar que estamos muy cerca del Día Mundial del Medio Ambiente, celebrado el 5 de junio por la ONU, día que consiste precisamente en reflexionar y concientizarnos acerca de la necesidad de un desarrollo sostenible para el planeta. De cualquier forma, se puede encontrar información al respecto en la página oficial de la Secretaría del Medio Ambiente (sedema.cdmx.gob.mx), donde también se puede consultar si hay o no estado de contingencia y la calidad del aire en la Ciudad.