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Soy fan de este equipo | Entre piernas y telones | Claudia Romero

  • Entre Piernas y Telones : Claudia Romero

Nunca negaré mi afición por Alejandro Ricaño. Soy su fiel seguidora. Él dice que ya se recicla y yo encantada de seguir sus textos, sus puestas y lo que haga. Hotel Good Luck no es la excepción. No es Los Guggenheim, no es El Amor de las Luciérnagas, pero es Ricaño. ¡Qué le vamos a hacer! Ahora, Luis Gerardo Méndez: “se repite” dicen sus detractores; “es genial”, afirman sus seguidores; “Güicho es un fenómeno” dicen otros. La verdad no importa, el conjunto, el equipo creativo, el profesionalismo, el compromiso, está ahí y lo estará siempre.

¿Qué es Hotel Good Luck? En primer lugar es una historia que parte de la oposición que surge de la premisa, “todos nos vamos a morir un día. Pero los otros días, no.” ¿Y si hay un día en el que siempre se muere alguien? ¿Y si soñamos o vivimos siempre ese mismo día fatídico? ¿Qué es la muerte después de tantas veces que nos visita? ¿Hay realidades alternas que existen si uno vive o muere? Muchos temas de reflexión y en realidad solo uno: la muerte. Después de todo esto, ¿cómo no admirar a quien detona este proceso mental. Llámese Luis Gerardo, Ricaño o quien esté involucrado en el proceso. Pero aclaremos, de todos los que estuvieron y están en ese proceso, debo reconocer que me sobra el escenógrafo Sergio Villegas. Alejandro Ricaño con Villegas es como conocer a alguien en una playa nudista y reencontrarlo vestido. Acaba uno por no reconocerlo y eso que a Sergio le mocharon el 90 por ciento de la escenografía. En favor de Villegas, debo decir que es el más dispuesto a hacer lo que sea por contar la historia y eso es lo más admirable de todo.

Ahora lo peculiar. Resulta que para hablar de esta obra, tengo que volver a verla. No sé si lo consiga, pues trae muy buena venta y será breve su paso. Lo intentaré. ¿Por qué? El día del estreno –al que asistí-, falleció la iluminadora asociada. El negro sentido del humor que maneja el autor-director y el viaje emotivo del personaje adquirió otro sentido: la muerte estaba presente sin ficción. Los mexicanos nos burlamos de la muerte mientras está lejos, ¿qué pasa con la muerte cuando está presente? ¿Nos reímos realmente? No sé. Casi todos los que vimos esa función lo sabíamos, teníamos el mismo gusto amargo de los actores. Lo que me queda claro es que el teatro es una experiencia única. Cada quien se lleva de cada función lo que existe en ese momento en esos otros días que en los que no nos vamos a morir.

/arm