imagotipo

Soy irreverente, sí / Punto de Vista / Jesús Michel Narváez

  • Jesús Michel

Creer en la palabra divina, me cuesta trabajo. Sin entrar en polémica, más trabajo tengo en aceptar el llamado papal para “pedirle perdón a los indígenas”. ¿Acaso no tiene memoria de quién destrozó a los mexicanos originarios? Ni siquiera se llamaban mexicanos. Tenían sus propios dioses, que ustedes, los jerarcas de la Iglesia Católica, los que vinieron de la mal llamada “Madre Patria”, destruyeron para edificar la “casa de Dios”. Por si fuera poco, sus personeros vestidos de largas sotanas y elegantes atuendos, entre ellos, Martín de Valencia, Toribio Ortiz, Domingo de Betanzos y Vicente de Santa María se erigieron como dueños de la verdad y dirigieron la Santa Inquisición.

No, Papa, no nos exija pedirle perdón a los originarios de este país. Porque desde la iglesia que usted encabeza se inició el desprecio, el acoso, la marginación, el exterminio de los nuestros. Usted debe pedirles perdón.

Entiendo su posición. Pero qué flaca memoria hay en la Iglesia que usted encabeza. Es fácil venir a gritar “al ladrón, al ladrón…” e ignorar que el ladrón viste de sotana. Dirán que usted tendría razón para excomulgarme. Sí, eso harán los conservadores que le aplauden pero padecen de las tres tentaciones a las que se refirió en su homilía en Ecatepec. No, Papa, no se vale olvidar el origen de la explotación indígena y venir a una nación en la que solamente el 10 por ciento de ella tiene raíces originales. Porque los representantes de SU iglesia los convirtieron en esclavos, en explotados de los enviados de Dios, en los marginados de la clase “Divina”.

Me declaro irreverente, su señoría.