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Sr. y Sra Pitt

  • La moviola/ Gerardo Gil

Más allá del juego de la metaficción y morbo que provoca ver en pantalla juntos a Brad Pitt (casi ex de la Jolie y en un escándalo de maltrato infantil contra su numerosa, numerosa prole) y a la siempre guapa Marion Cotillard, por los cotilleos que se generaron durante la filmación de Aliados (Robert Zemeckis, 2016) y que contribuyó –dicen- a la separación del llamado Brangelina (ese Rat Pack de lo cursi y consumista) el filme destaca por varias razones. En todas hay juego autorreferencial.

La curiosidad que provoca la pareja al estar juntos se supera pasados los primeros minutos. Lo demás tiene que ver exclusivamente con referenciar al séptimo arte sin cotilleos de por medio.

La cita obvia y constante en la que transita el filme son dos: Casablanca (Michael Curtiz, 1942) de la que por cierto Zemeckis se regodea en recordárnoslo en todo momento y Sr. y Sra Smith (Doug Liman, 2005). Y por si fuera poco, una línea argumental –por momentos- con un par de escenas incluidas de Desde Rusia con amor (Terence Young, 1965).

“Max Vatan” (Brad Pitt) es un agente secreto inglés. Llega a Marruecos para llevar a cabo una peligrosa misión: asesinar a un diplomático Nazi. Para llevarla a cabo, tendrá que fingir estar casado con una espía de la Resistencia francesa, “Marianne” (Marion Cotillard) que se ha infiltrado con los alemanes.

La misión se realiza con éxito y luego viene el giro de tuerca: Adiós a Casablanca, con escena de frase poderosa incluida: “No es malo mezclar el sexo con el trabajo, lo malo es mezclar los sentimientos” le espeta “Marianne” a un confundido “Max” y a escenas de acción y violencia que recuerdan el filme de Liman.La pareja de espías decide casarse en Londres.

Así, la mezcla de filmes se da en su hora inicial. Porque luego en el desarrollo, la película da un giro y de nueva cuenta nos encontraos con la referencia per se a Hollywood.

Esa primera mitad que vimos en pantalla y que está cargada de un sutil erotismo y coquetería cercano a los filmes de los cuarentacon besitos en una azotea y vecina chismosa incluidas y dosis de violencia rítmica – millennial ha sido solo un Macguffin, es decir, un elemento de suspenso que sirve para distraer al espectador de la verdadera trama. Bienvenido
pues la hora Hitchcok.

Porque al buen “Max”-Pitt (que tiene cara de buena gente en toda la película, aunque Maddox Jolie-Pitt, diga lo contrario) se le informará que a su ahora esposa y madre de su pequeña hija, se le aplicará el código azul. Es decir, se sospecha que trabaja para los alemanes.  La desconfianza, el temor y suspenso con personaje indescifrable femenino incluido serán parte del segundo acto. La referencia en la forma en la primera parte y en su estructura y fondo en la segunda, definen
Aliados.

No es casualidad si consideramos que Zemeckis es un fiel heredero de los llamados Movie Bratts, es decir, cineastas que irrumpen en el mundo del cine en los años setenta, pero con educación universitaria que los formó y referencias amplias y “cultas” sobre la cinematografía. Fueron conocidos también como “El nuevo Hollywood” y Spielberg y Lucas son sendos representantes. Se puede decir que el director de “Aliados” forma parte de una segunda generación de esta camada.

Pero, ¿Se puede disfrutar el filme sin estos antecedentes? Sin lugar a dudas. El chiste está en dejar el comic-fan de lado, para dejarse llevar por una historia que fluye bien. Porque su director nunca ha pretendido otra cosa que el cine y la edición de la más pura evasión.

Basta recordar que es el responsable de la franquicia Volver al Futuro ,1985-1990 y de Forrest Gump en 1994. El cine es una caja de referencias: nunca sabes cuándo te va a salir una, decía mi madre.

En corto

¿Y el robo apá?

Con el filme Pura Sangre (Noé Santillán-López,2016) se aplica lo de aquella canción de Juan Gabriel: la intención es buena, nadie se los quita, pero yo más quiero.

Todo gira en torno al robo (ese gran ausente) a un hipódromo y la persecución de la que los responsables son objeto por parte de la policía. El filme se regodea en los arquetipos mafiosos hollywoodenses y en una edición confusa pero preciosista. El final precipitado es consecuencia de no saber plantear el conflicto inicial

MerylStreep pronunció, en los Golden Globe, uno de los discursos más congruentes y valerosos de la esfera pública.