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Suelto y sin vacuna…

  • María Antonieta Collins

Desde Las Vegas

  • María Antonieta Collins

El le había dicho de todo… o casi, pero lo del miércoles y jueves fue lo que hizo a todos decir: “Este hombre no se mide… ¡qué bárbaro! Ora si que se pasó…”

No es que me encante la política, sino todo lo contrario, pero a menos de que se sea marciano y se viva, en Marte, esa es la única forma de no enterarse ni inmiscuirse en el tema que hace ya, año y medio nos trae locos.

No hay amigo que no llame a otro todos los días con la misma pregunta: ¿Qué te parece lo que le dijoTrump a Hillary -mayormente él a ella-. Y que de ahí se derive una larga plática donde uno informa al otro de los pormenores cada vez más ofensivos hacia una mujer.

Esos insultos que difícilmente un hombre diría a una mujer con una sencilla razón: esta podría acusarlo judicialmente de acoso y tendrían que ir a una corte, han escalado a tal punto, en que muchos tienen la misma percepción: ¿Qué pasaría si ambos fueran hombres, no un hombre contra una mujer? Que seguramente el agresor tendría que cuidarse que el agredido no se lo encontrara y le tirara un trompón… por lo menos.

Basta recordar la campaña de reelección de Barack Obama con Mitt Romney. Se tiraron con lo que pudieron, pero al fin caballeros, llegaron a un punto en donde sabían que por encima de ellos estaba el electorado que tenía el poder del voto y sobre todo la herencia democrática del país.

Lo peor es que es un hombre contra una mujer. ¿No le ensenaron acaso que a una mujer no se le lastima ni con el pétalo de una rosa? Aparentemente no. Aunque sabe otras cosas…

¿El candidato republicano no anda ahora tras los líderes cristianos que tiene su partido buscando apoyo? Y ¿estos no tienen “carácter” para llamarlo a cuentas y explicarle que no hay un buen cristiano que se precie de tal, que haga contra el prójimo lo que este hombre está haciendo con su rival? “Anda suelto y sin vacuna” me dice un mesero mexicano de Jalisco y avecindado en Las Vegas hace ya más de veinte años…

Pero al mismo tiempo cuando las cosas son tan complicadas, no me imagino a un candidato que quiera tener posibilidades reales de ser electo presidente de Estados Unidos diciéndole a su contendor: “Te voy a meter a la cárcel” o “Aceptaré los resultados de la elección presidencial… únicamente si soy el ganador” o peor aún, dirigiéndose al periodista que le hace la pregunta sobre si aceptara el resultado sea cual fuere, “No me voy a adelantar a decir nada… te voy a tener en suspenso hasta entonces”.

Peor aun son las cosas. ¿Qué elector con tres gramos de cerebro no repara de inmediato en que esa forma de hablar no es la del líder de una nación modelo democráticamente hablando?

Solo un ignorante sabe que semejantes respuestas solo las dan los dictadores de países con regímenes autoritarios y que nunca vendría del líder de Estados Unidos.

Si me indignaba el calificativo que Trump diera a su contrincante llamándola “esa asquerosa mujer”, no imagino cómo cayó en la mente de millones de mujeres que son electoras, semejante palabra. Luego del debate y del impresionante evento donde don Chente Fernández y Los Tigres de Norte fueron a darle el espaldarazo a Hillary, las cosas eran más claras: o salen todos los hispanos a votar… o lo ganado por padres y abuelos en este país podría haberse perdido.

Le pregunto a Los Tigres del Norte si le harían un corrido al candidato republicano. Unánimes e instantáneos dicen lo mismo: “¡No! No vale la pena perder el tiempo en eso. El tiempo hay que usarlo en hacer que los que podemos votar, salgamos a hacerlo el ocho de noviembre. Nada más. Votar masivamente será el peor castigo ante la humillación que nos ha hecho.”