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Sufrir de coquetería

  • Mujeres en busca de sexo / Celia Gomez Ramos

“Venturosa ciudad amurallada,

ceñida de milagros,

descanso en el recinto de este cuerpo

que empieza donde termina el mío”,

Rosario Castellanos

Caminar sobre los pasos. ¡Qué trabajo nos cuesta remontarnos a nosotros mismos! Ser otros a los que estábamos predestinados por los genes, ¿será posible? ¿Qué tanto necesitamos para ello? ¿Qué tanto más, para habiendo llegado en “media res” a la existencia, con todas sus adecuaciones, suturas y momentos, concretarnos a tantas imposturas?

Me comentaba un amigo, que él sufre de coquetería, y que prefiere llamarle así a decir que le agrada… Bueno, le respondí yo, mientras no la padezcas. Y no me refería precisamente a que se sintiera asediado.

Al César lo que es del César… Y al mote, pues su nombre y su apellido. Lo que forma parte de uno, no tiene que ser necesariamente algo que nos genere sufrimiento, habría de darle uno la vuelta y que nos sirva para gozar. Tampoco habría de ser tildado como una enfermedad, al menos eso creo. Desde luego, para todo existen casos.

¿Resulta que el coqueteo genera líos, sobre todo si se tiene pareja? ¿Es que acaso será uno masoquista? Pues depende.

Existen personas (más de las que de cotidiano podríamos imaginar, por fortuna) que han encontrado en la comunicación una gran forma de divertimento y de compartir. Si a uno se le van los ojos por alguien que está fabulosamente atractivo, pues bien, ¿por qué hemos de intentar ser perfectos y no decir las cosas como las vemos y en el momento que las vemos? Eso no es que lo hagamos con todos, pero al menos con aquella persona en quien hemos puesto nuestros afectos y a quien le hemos ofrendado nuestros dones. Me gusta la idea de complicidad.

Mucho hemos mencionado aquí, que tanto hombres como mujeres tenemos la necesidad de reafirmarnos, que desde niños nos enseñan a conquistar y luego resulta que como ya elegiste, ya no podrás ir por el mundo queriendo conquistar lo que te rodea, sea un buen ambiente de trabajo, sea a las personas con las que convives. Sea tu entorno. ¿Por qué la vida habría de ser tan osca y poco generosa?

Al menos desde mi óptica, resulta difícil de comprender y más, transitar el mundo con tapojos. Si vivimos entre personas y no aislados. Para mí, es como no poderle sonreír a la gente al paso.

Pienso que las mujeres no nos sentimos incómodas por una gentileza, atención o leve coqueteo, es más, ni siquiera pensamos que significa más, es parte de la cordialidad en el trato. En el caso de los hombres, parece que funciona distinto, una pequeña amabilidad, muchas ocasiones es tomada por coqueteo, contante y sonante. Todo está en que si ocurre, se dejen las cosas claras.

Platicaba con mis amigas, más de una vez, en la gran seguridad que se cargan los caballeros, frente a la que muchas ocasiones nos falta a nosotras. Lo único grandioso es que entre mujeres dialogamos más de lo que nos aqueja con otras, mientras los varones son más herméticos.

Entonces, sufrimos o no de coqueteo, sufrimos o no de llamar la atención, sufrimos o no cuando nos sonríen; sufrimos o no al escuchar una palabra grata y bien acomodada a nuestra persona, sea al físico o a nuestro intelecto.

Sufrimos o no, provocando una sonrisa; sufrimos o no, diciendo a alguien una palabra hermosa por sus atributos; sufrimos o no, mirando de frente…

¿Nos conocemos?¿Entendemos algo sobre el ser humano, o lo despreciamos en lo que somos? Bordemos sobre el origen. Ya decía la semana pasada que las cuestiones químicas son fundamentales para la atracción, si bien no, para sostener la monogamia… Y por lo mismo, ¿habrá de ser lo mejor detener nuestros impulsos y arrancarlos de nuestro mapa, buscando eliminar nuestra esencia, que no tiene quizá, nada que ver con la cuestión social de un momento específico y determinado? Creo que es más fácil cuando tienes un cómplice al lado, dispuesto a aventurar, porque desde luego, todo tiene consecuencias.

Y mientras tanto, miro desde donde tecleo, tomándome un Martini seco, a un varón guapísimo, al que nunca antes había observado, que pasa frente a mí, y me sonríe, lo mismo que hago yo. El mundo es más lindo así, más sutil, más acogedor. A veces poco, puede llenar un momento y dar pistas.

Como si estuviera escribiendo un diario o una carta, que es como siempre siento que les platico, aquí me despido por hoy. Aunque les hago una convocatoria.

*INVITACIÓN. El próximo martes, habrá un encuentro con lectores de mi novela “Sin Dios y sin Diablo”, a tres años de su aparición. Si alguien anda por la Ciudad de México, la cita es 19:30 horas. Centro Horizontal, Colima 378, colonia Roma. Platicaremos de erotismo y romance.

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