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Suspenden negociaciones UE y Turquía sobre los refugiados |Corresponsal

  • Carlos Siula

Carlos Siula / Corresponsal
PARÍS, Francia. (OEM-Informex).- La Unión Europea (UE) suspendió sus negociaciones con Turquía sobre la crisis migratoria, para no dejarse chantajear por las exigencias presentadas a último momento por el primer ministro turco, Ahmet Davutoglu.

“Lo que está haciendo Turquía es un chantaje”, dijo Jean-Dominique Giuliani, presidente de la Fundación “Robert Schuman”, al conocer la nueva propuesta presentada por Davutoglu, ayer al mediodía en Bruselas, pocos minutos antes de comenzar esa Cumbre decisiva.

La virtual ruptura de las conversaciones se hizo cuidando las formas de cortesía diplomática: los dirigentes de los 28 países de la UE “necesitan tiempo para estudiar en forma detallada el plan turco”, indicó anoche un responsable europeo.

Los términos del acuerdo entre Bruselas y las autoridades de Ankara habían quedado virtualmente definidos durante las conversaciones que mantuvieron el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, y el primer ministro Davutoglu. Incluso se había redactado un borrador de la declaración final con los términos del acuerdo.

A pesar de esas coincidencias, Davutoglu llegó ayer a Bruselas con la propuesta de aumentar su colaboración, pero también elevó considerablemente el nivel de sus pretensiones. Exigió más dinero (6 mil millones de euros en lugar de los 3 mil prometidos por Bruselas), la supresión de las visas de turismo para los 70 millones de turcos y una aceleración del proceso de integración de Turquía a la UE.

Según ese proyecto, Turquía se encargaría de trasladar de regreso a su territorio a todos los migrantes  -incluso a los sirios-  que llegaron a Europa por las islas griegas del mar Egeo.

A cambio, por cada sirio admitido en Turquía, la UE aceptaría acoger un refugiado sirio procedente de Turquía. Este mecanismo establecería un sistema de admisión controlado y legal, que dejaría sin trabajo a los traficantes. Turquía también se encargaría de la repatriación de aquellos migrantes económicos que no califican para el refugio en Europa.

Ankara se comprometía incluso a “desplegar, de acuerdo con el Gobierno griego, cierto número de agentes de inmigración y de enlace en las Unidades de Control de Migraciones Irregulares (los llamados “hotspots”, puntos de acceso), principalmente en la isla de Lesbos, Chios, Samos, Leros y Kos, para facilitar ese proceso de traslado y readmisión en Turquía”.

“Varios países consideran muy interesante la idea, pero no pueden cerrar un acuerdo esta noche, pues hay muchos puntos sin aclarar. Trabajaremos intensamente sobre ese texto en los próximos días”, explicó un consejero de la Comisión Europea, órgano ejecutivo de la UE.

La verdad es mucho más dramática de lo que parece a simple vista. Los líderes europeos temen que, desesperados por encontrar un método eficaz para frenar la inmigración, terminen haciendo un pacto faustiano con el presidente turco Recep Tayyip Erdogan. El precio político de ese acuerdo podría ser, al final, mucho más elevado de lo que parece en la actualidad. Desde que estalló la crisis siria hace cinco años, el autoritario presidente turco ha demostrado ser un socio problemático.

La Cumbre de ayer en Bruselas se realizó 48 horas después de la intervención del mayor diario de oposición del país, “Zaman”.

Ese fue el gesto más reciente de la campaña lanzada por Erdogan para silenciar todas las voces de la oposición. El momento escogido para realizar ese gesto de represión también fue significativo. Teniendo en cuenta las críticas previas de los europeos cada vez que cometió un hecho similar, es claro que el mensaje de Erdogan fue: si ustedes me necesitan,  tendrán que dejarme las manos libres para manejar los asuntos internos de mi país.

Europa se halla pues, ante una encrucijada y eso explica la discreción del anuncio de “falta de acuerdo” en la Cumbre de anoche. No era un secreto para nadie que la mitad de los líderes europeos  –al igual que sus respectivos electorados–  se niegan a aceptar la presencia de Turquía, un país mayoritariamente musulmán, dentro de la UE. Ni ahora ni más tarde.

El problema reside en que la cooperación turca para reducir el flujo migratorio es indispensable. El año pasado entraron a Europa 1.2 millones de personas, esencialmente sirios, iraquíes y afganos. Esa cifra representa un aumento de 126 por ciento con respecto al año anterior. Desde que comenzó 2016, cerca de 2 mil 500 migrantes llegan cada día, sobre todo a Grecia.

Esa situación amenaza con llegar rápidamente a límites explosivos. Unos 30 mil hombres, mujeres y niños permanecen bloqueados en el norte de Grecia bajo el frío y la lluvia, esperando que se abran las fronteras de Macedonia. Las autoridades temen igualmente que, ante la posibilidad de que a corto plazo se cierren las fronteras europeas, el flujo de migrantes aumente en los próximos días en forma exponencial.

En medio de ese panorama desolador, la canciller alemana Angela Merkel es la más expuesta de todos los responsables de la UE. No solo su estrategia de fronteras abiertas le ha costado severas críticas dentro de su país, sino que el domingo próximo tres landers alemanes irán a elecciones, consideradas como el primer “test” público de evaluación a su política inmigratoria. Merkel necesita desesperadamente un resultado positivo esta semana, aunque solo sea en estado de proyecto.

Grecia, viejo enemigo de Turquía, así como Austria y varios Estados de la ruta de los Balcanes por donde pasan los migrantes, enfrentan presiones similares. Erdogan lo sabe perfectamente.

Además de sus exigencias públicas, se cree que Davutoglu también expuso una serie de demandas secretas que al parecer incluye tener las manos libres para seguir bombardeando a los kurdos y reprimiendo a la oposición dentro de sus fronteras sin preocuparse por el respeto de los derechos civiles.

El otro problema para Europa es que Turquía es señalada no solo por la Comisión Europea, sino por numerosas organizaciones de defensa de los derechos humanos como un sitio muy poco seguro para los migrantes. Según Amnistía Internacional, muchos de los 2.5 millones de refugiados que acoge ese país viven en terribles condiciones y que en la zona contigua a la frontera la Policía no duda en disparar contra los sirios que intentan huir de la guerra. “Que la UE trate a Turquía como un país ‘seguro’ es absurdo”, afirma la ONG.

Pero la otra opción es probablemente peor. Fue la expresada ayer en Bruselas por el vicecanciller austriaco Reinhold Mitterlehner quien, hablando en nombre de los países de Europa Central, afirmó que la UE debería recurrir al uso de la fuerza para cerrar sus fronteras a los migrantes. “Si fuera necesario debemos mostrar que una frontera es realmente una frontera. Obviamente deberíamos utilizar medios que no pongan en peligro las vidas de los migrantes”, afirmó.

Los responsables europeos más moderados confían en que es posible ayudar a Grecia a poner freno a la avalancha de migrantes bloqueados en su territorio, sumando la ayuda de Turquía y la participación de los buques de la OTAN que comenzaron a patrullar el mar Egeo para detener a las embarcaciones precarias cargadas de inmigrantes que envían los traficantes desde las costas turcas.

Para moderar las pretensiones turcas, Angela Merkel y el primer ministro holandés, Mark Rutte, cuyo país ejerce la presidencia rotativa de la UE, pasaron ayer cinco horas negociando con el primer ministro turco, Ahmet Davutoglu, en Bruselas. Pero las divisiones también se multiplican entre aquellos europeos que denuncian el cierre de fronteras, como Angela Merkel, y los vecinos balcánicos de Grecia  —teleguiados por Austria—, que han provocado el bloqueo de unas 30 mil personas en ese país.

Clamando su aislamiento, el primer ministro griego Alexis Tsipras, advirtió al bloque que, para evitar una catástrofe humanitaria, Europa debe tomar rápidamente una decisión. “Es necesario aplicar el acuerdo de repartición de refugiados en los países de la UE adoptado en septiembre”, advirtió. Hasta el momento, los 28 países de la Unión solo aceptaron recibir unos pocos centenares de los 160 mil estipulados.