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Sutilezas

  • Yolanda de la Torre Valdés

Asamblea Constituyente de la Ciudad de México

Si hay alguna entidad que ha tenido una evolución política significativa a lo largo de los últimos 30 años en México, ese ha sido nuestra ciudad capital, la urbe en la que se pueden encontrar todos los elementos que a nivel nacional nos dan identidad, a la que en diferentes momentos han emigrado desde todos los rincones de nuestro país, haciendo de ella la región más incluyente, en la que todos tenemos cabida.

Aunque pareciera algo irreal, hasta hace poco más de 20 años, en esta metrópoli solo se votaba por Presidente de la República, Diputados Federales y Senadores, no se podía elegir a quien gobernaba la ciudad, menos a quienes encabezaban los destinos de sus delegaciones políticas, ni qué decir de contar con un Poder Legislativo.

Antes, cuando la Ciudad de México tenía como nombre oficial Distrito Federal, los gobernantes eran Regentes del Departamento del Distrito Federal y eran designados por el Presidente de la República, al igual que el Jefe de la Policía y el procurador capitalino.

La evolución que en materia política y ciudadana ha tenido esta bien llamada “capital de todos los mexicanos”, llevó a que en 1997 los capitalinos salieran a votar por primera vez por quien sustituiría la figura del regente por la del Jefe de Gobierno del Distrito Federal, para lo que se dio una elección en junio de ese año, en la que el perredista Cuauhtémoc Cárdenas obtuvo el triunfo. La ciudad contaba también ya con un cuerpo legislativo constituido en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, que actuaba a modo de Congreso local.

Esa primera elección se limitó a Jefe de Gobierno y por única ocasión sería para un mandato de tres años, ya que en posteriores ocasiones, a partir del año 2000, el cargo sería por seis años y coincidiría en tiempos con el del Presidente de la República. Ya en el 2000, los capitalinos votaron por Jefe de Gobierno y los titulares de las 16 delegaciones políticas. Los avances eran múltiples, pero por ejemplo, el Jefe de Gobierno del Distrito Federal no podía designar directamente al Jefe de la Policía, ni al procurador capitalino, tenía que presentarle tercias para el cargo al Presidente de la República, quien además podía ordenar la remoción de los ya en funciones en cualquier momento.

Estaba claro que la capital de la República requería una reforma política de fondo que la constituyera como un espacio de plena responsabilidad política para sus ciudadanos, donde decidan y asuman el costo de sus decisiones y no solo de las de otros. Hacer que aquello que antes era el Distrito Federal, fuera la entidad federativa número 32 de la República Mexicana.

Eso precisamente es lo que lograron con plena voluntad y coordinación política el presidente de la República, Enrique Peña Nieto y el jefe de Gobierno capitalino, Miguel Ángel Mancera, impulsando los cambios legislativos necesarios para que el Distrito Federal se volviera oficialmente la Ciudad de México (CDMX), a lo que se le suma que la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF), ahora será el Congreso local, es decir la Cámara de Diputados de la Ciudad de México. Ahora el jefe de Gobierno ya podrá nombrar al Jefe de la Policía y al Procurador, además de que las delegaciones políticas se vuelven alcaldías, mismas que contarán con su Alcalde y su Consejo.

Falta aún una de las partes más importantes de la citada reforma política, ésta es que la CDMX cuente con su propia Constitución, para lo que el próximo 5 de junio habrá de elegirse una Asamblea Constituyente cuya responsabilidad será darle forma. Eso queda en manos de la ciudadanía y su aprendizaje para optar por las mejores cartas. Se verá ya hasta qué punto se nota la evolución.

*Senadora de la República

yolandadelatorre@senado.gob.mx

@yoladelatorre