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Sutilezas

  • Yolanda de la Torre Valdés

  • Yolanda de la Torre V
  • Con Obama no tuvimos precisamente “Luna de Miel”

No niego que en un principio el hecho de que Donald Trump, ganara las elecciones presidenciales de Estados Unidos, de alguna forma me impactó, contrarió, y sí, me desilusionó; les puedo decir que como mujer, como mexicana y por supuesto en mi más pura calidad humana, deseaba que ganara Hillary Clinton; finalmente fue una elección que era soberanía de los estadunidenses y de la que el resto del mundo estábamos pendientes, pero en calidad de meros testigos.

Al igual que muchos de ustedes, me mantuve al pendiente del avance de ambos candidatos, ganando los colegios electorales de Estado por Estado de la Unión Americana, primero con la esperanza de que Hillary fuera la que consiguiera los 270 votos electorales necesarios, pero no fue así, los obtuvo Trump, más allá de cualquier explicación que pudiera haber de por medio, de acuerdo a las normas electorales estadunidenses, quien reunió los requisitos para ser el Presidente de Estados Unidos entre el 2017 y el 2020, fue Donald Trump, quien al asumirse como ganador, contrario a la naturaleza mostrada en campaña, no brincó como fiera recién soltada de una jaula, mostró una moderación que si bien más resulta estratégica al menos da la esperanza de que su mandato no sea necesariamente el infierno que planteó en campaña, algo que en lo personal veo como un mero beneficio de la duda.

Empero, ya viendo las cosas con un poco más de distancia, de pronto reflexiono sobre lo que fueron los dos períodos presidenciales que consiguió el demócrata Barack Obama, principalmente en cuanto a lo que significaron para México y como les puse en el título, no fueron precisamente una “Luna de Miel” entre los dos países, lejos, muy lejos de ello, resultaron un período complicado entre las dos naciones.

En estos días no falto quienes nos preocupamos por el anuncio de Donald Trump de que calculaba deportar de Estados Unidos a unos dos o tres millones de inmigrantes indocumentados, haciendo énfasis en los que tuvieran acumulado un historial criminal. Viendo con cierta calma a Barack Obama, durante su mandato fueron expulsados 11 millones de inmigrantes, sin que en la mayoría de los casos mediara algún récord criminal, además de que con frecuencia fueron divididas arteramente miles de familias, en su mayoría de origen mexicano. Justamente una de las razones por las que muchos mexicanos en los Estados Unidos no acuden a votar, es por no hacerse detectar a ellos o a los suyos por el Gobierno estadunidense.

Por otra parte, ciertos programas de cooperación bilateral que se habían establecido desde la administración del republicano George W. Bush, como la Iniciativa Mérida, con la que Washington se comprometía a apoyar con fondos a la lucha mexicana contra el narcotráfico y el crimen organizado en general, una vez iniciada la administración Obama, tuvo un flujo de dólares a cuenta gotas, hasta que se vio interrumpido en su totalidad, por supuesto sin mayores explicaciones de por medio.

Ni que decir de cuándo del otro lado de la frontera se les ocurrió la nefasta idea de rastrear a los narcos mexicanos, entregándoles más de dos mil armas de alto poder. La dañina medida introdujo las armas a territorio mexicano, haciendo que las únicas detectadas fueran las que se usaran para el asesinato de dos agentes estadounidenses en San Luis Potosí, abatidos por “Los Zetas”, fuera de eso poco se supo de tales armas, eso sí, incrementaron la narcoviolencia y los asesinatos a nivel nacional.

Otro asunto fue la pretendida Reforma Migratoria, que terminó por no ser aprobada por un Congreso contrario a un Obama, que pasara a la historia por ser el mandatario de Estados Unidos que a más inmigrantes ha deportado en la historia, más allá de cualquier republicano y que incluso quizá no será superado por Donald Trump.
* Senadora de la República

** Diputada Constituyente CDMX

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