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Sutilezas

  • Yolanda de la Torre Valdés

Maestros para toda la Vida 

Los dos más grandes tesoros que podemos dar o recibir de otra persona son amor y conocimiento. El amor nos da bases y seguridad para hacer frente a la vida, mientras que el conocimiento nos brinda los medios para crecer de forma ilustrada y en capacidad de compartir o replicarle a otros lo que hemos aprendido.

Ambos valores los adquirimos en primera instancia en el hogar, el seno familiar, recibiendo de entrada en amor más grande por parte de nuestra madre y nuestro padre, quienes de forma paralela nos van dotando de los primeros conocimientos que adquirimos en la vida.

Posteriormente, al transcurrir nuestros primeros años de vida, comenzamos a asistir a la escuela en sus diferentes formas, desde el grado conocido como Guardería, pasando por Maternal, Preescolar, Preprimaria, Primaria, Secundaria, Preparatoria o Bachillerato y las diferentes formas de Universidad o educación superior, como también se le dice.

En todos los grados hemos tenido maestros que por las largas horas que hemos vivido junto a ellos y ellas, se han convertido en una suerte de segunda familia que nos brinda instrucción, orientación para la vida y en diferentes grados incluso afecto.

El recién transcurrido Día del Maestro, más allá de cualquier consideración política o laboral, a muchos nos lleva a recordar a aquellos docentes que influyeron en nuestras vidas, algunos por el aprendizaje, otros por la orientación, otros por el afecto y no pocos por las tres cosas.

Algo que debemos tener presente, es que así como por una parte en México hay aún un importante déficit educativo, en muchos casos podemos ver a maestras y maestros en zonas rurales, incluso montañosas muy apartadas de los centros urbanos, donde llegan a las aulas sin importarles caminar varios kilómetros diarios, enfrentar tormentas e inundaciones, al igual que un Sol inclemente, todo con tal de no fallarle a sus grupos que con frecuencia para llegar a la escuela hacen sacrificios similares o mayores.

México ha sido tierra de grandes maestros y una prolífica educación pública. Baste recordar que los tres Premios Nobel que han recibido mexicanos, concretamente Alfonso García Robles (Premio Nobel de la Paz 1986), Octavio Paz (Premio Nobel de Literatura 1990) y Mario Molina (Premio Nobel de Química 1994), son egresados de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), lo que implica la educación pública que se imparte en nuestro país, por la que debemos luchar día a día.

Además de brindarnos conocimientos para la vida, los maestros nos enseñan qué hacer con el aprendizaje que adquirimos, lo que se traduce en utilidad directa a nuestra instrucción, en la aportación que somos capaces de hacer a nuestra comunidad, nuestra familia e incluso nuestro país con todo aquello que llegamos a conocer a través de nuestros maestros.

Con la instrucción que recibimos por parte de docentes, no nos limitamos a un mero aprendizaje, hacemos análisis que nos permite sacar conclusiones propias que además de enriquecer los conocimientos que originalmente logramos, nos da mayores recursos para trasmitirlo a nuestros hijos y dar con ello un efecto multiplicador.

Para darnos una idea de qué tan grande llega a ser la educación en un país como el nuestro, baste recordar que el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), es el más grande de América Latina con más de 1.2 millones de agremiados. Es por todo lo mencionado que la defensa de la educación pública es una de las más importantes que debemos dar en México por el desarrollo futuro de nuestro país, así como de nuestros hijos y nietos.

* Senadora de la República.

yolandadelatorre@senado.gob.mx 

@yoladelatorre