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Sutilezas

  • Yolanda de la Torre Valdés

  • Los Oscar contra Trump
  • Yolanda de la Torre V.

No tengo la menor duda para afirmar que lo que hemos atestiguado en la más reciente entrega de los premios Oscar a lo mejor de la cinematografía, ha sido una de las ceremonias más singulares en su larga historia, señal de un momento en que Estados Unidos vive tanto una división histórica, como un verdadero replanteamiento de los valores que le han dado a ese país la categoría de principal potencia mundial.

El conductor principal de la ceremonia fue Jimmy Kimmel, un singular personaje que es regularmente anfitrión de uno de los más importantes Late Night Show estadunidenses, un tipo particularmente agudo y crítico en lo que a política se refiere. Desde que la ceremonia comenzó, Kimmel hizo fuertes críticas a las recientes políticas de endurecimiento contra inmigrantes impulsadas por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

En lo que aparentó ser una estrategia de la ceremonia, Meryl Streep, a quien bien se le puede señalar como la actriz más exitosa de Hollywood y a quien el presidente Trump descalificara luego de que ella le hiciera una fuerte crítica en la entrega de los Globos de Oro, calificándola de “sobrevaluada”, ésta fue sentada en primera fila y al centro, para hacerla visible a lo largo de toda la ceremonia, lo que llevó a que el conductor principal hiciera constante recordatorio de la inapropiada forma en que la calificó el mandatario.

A lo largo de la ceremonia, uno tras otro se dieron diferentes momentos en los que se hizo una agria crítica a la forma en que Donald Trump decretó que no pudieran entrar a territorio estadunidense ciudadanos de siete países a los que considera patrocinadores del terrorismo. Uno de los casos más emblemáticos se dio con el fotógrafo sirio Khaled Khateeb, quien fue nominado por la película “The White Helmets”, a quien no se le permitió la entrada a Estados Unidos para asistir a la ceremonia.

Por otra parte, también se le consideró una suerte de afrenta a las iniciativas recientes de la Casa Blanca, el hecho de que la mejor película extranjera haya sido un filme de Irán titulado El Viajante, cuyo director Asghar Farhadi no asistió a la ceremonia de los Oscar en protesta contra las medidas antiinmigrantes del presidente Donald Trump. Farhadi envió una carta en la que entre otras cosas expresó que “Dividir el país en categorías de ‘nosotros’ y ‘nuestros enemigos’, crea miedo, una engañosa justificación para la agresión y la guerra”.

Precisamente recordando términos bélicos, el actor mexicano Gael García Bernal tuvo oportunidad de entregar uno de los premios, oportunidad que aprovechó para recordar que él como mexicano y latinoamericano también es un inmigrante en Hollywood, por lo que se opone a muros que dividan a nuestras sociedades. Las palabras del histrión mexicano arrancaron una fuerte ovación que contrastó con la reacción que él mismo obtuvo en el 2003 cuando se manifestó opuesto a la guerra en Irak, tema que en sus primeros momentos generó un mayor respaldo de los estadunidenses a su presidente, tras los ataques contra las Torres Gemelas y el Pentágono de septiembre de 2001.

En general podemos decir que la ceremonia 89 de entrega de los Oscar fue un redondo evento de expresión de muchos de los mejores y más sólidos valores estadunidenses, que a lo largo de la mayor parte debieron provocar cuando menos cierta preocupación en el presidente Donald Trump, quien con toda seguridad suspiró o al menos soltó tremenda carcajada cuando al final, en el instante de entregar el galardón más importante que es el que se le da a la mejor película, se confundieron con los sobres y en principio se dijo que era La La Land, lo que debió corregirse para indicar que era Moonlight. Quizá era mucha perfección como para haber sido enteramente cierta.
* Senadora de la República

yolandadelatorre@senafo.gob.mx

@Yoladelatorre