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Sutilezas

  • Yolanda de la Torre Valdés

  • El exceso de velocidad como herramienta recaudatoria
  • Yolanda de la Torre V.

Hay muchas cosas que actualmente no marchan bien en la Ciudad de México, pero algo en especial tiene que estar verdaderamente mal para que se haya llegado al grado de que el conducir un vehículo con exceso de velocidad sea una forma de recaudar dinero a través de las multas y no un problema con el que se busque acabar por la seguridad e integridad de los habitantes de esta megalópolis, que es la capital de todos los mexicanos.

En la madrugada del pasado viernes 31 de marzo, un grupo de jóvenes que iban a bordo de un automóvil BMW versión deportiva, circulaba por Avenida Reforma ya pasadas las tres de la mañana, se calcula que a una velocidad que rondaba los 200 kilómetros por hora. El conductor del automóvil manejaba en estado de ebriedad y se durmió al volante, causando la muerte instantánea de sus cuatro acompañantes, el resultó ileso en semejante siniestro.

Hace ya varios años que en la Ciudad de México se había logrado una sensible disminución de accidentes fatales gracias a la disposición de puntos de revisión policiales conocidos como “Alcoholímetros”, con los que se había logrado no solo retirar de la circulación a muchos miles de conductores en momentos en que el consumo de alcohol disminuía sus reflejos, algo que sin duda salvó vidas y evitó daños a la nación.

El problema es que, de pocos años para acá, cada vez se ven menos Alcoholímetros a lo largo y ancho de la ciudad, si acaso en zonas donde hay más bares, cantinas y sitios similares, como las colonias Condesa y Roma, pero cada vez se había vuelto más notable su ausencia en avenidas como Insurgentes y Reforma.

Tras el accidente del citado vehículo BMW, del pasado 31 de marzo en la madrugada, no pasaron muchas horas cuando se empezaron a dar a conocer videos en los que se apreciaba el automóvil en cuestión, notándose su alta velocidad, sin que ninguna patrulla o autoridad intentara hacer algo por frenar tan mortal carrera.

De pronto da la impresión de que las autoridades de la Ciudad de México se conforman con que sus nuevas cámaras concesionadas a una empresa privada detecten esos automóviles a alta velocidad, lo que implica un cobro de mil 399 pesos por cada caso detectado. Pero ante lo ocurrido hace unos días, algo queda claro, no hubo patrulla alguna y mucho menos algún alcoholímetro que al menos frenara al impetuoso automovilista y salvara la vida a sus acompañantes.

Se tiene documentado que entre los jóvenes que iban a bordo del BMW, que al momento de impactarse iba a 184 kilómetros por hora, según los peritajes, estaba una mujer de 29 años que respondía al nombre de Karla, quien recientemente había sido pilar de su familia, ayudando a su madre a superar tiempos de gran dificultad económica y que además se acababa de casar por el civil, con miras a hacerlo por la iglesia en fechas próximas.

La madre de Karla, al hablar ante los medios de comunicación expresó sobre el fallecimiento de su hija en tales condiciones: “¿Cómo se atrevió a manejar a esa velocidad si no está permitido?, ¿dónde estaban los alcoholímetros, dónde las patrullas?”.

Resultaría también muy doloroso explicarle a la señora que un accidente de tan dramáticas consecuencias fue posible en una ciudad en la que se ve a los vehículos a alta velocidad como un motivo para recaudación de multas y no como un mal que antes de todo hay que evitar.

 

* Senadora de la República

yolandadelatorre@senado.gob.mx

YolandaDeLaTorreV

@Yoladelatorre