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Sutilezas

  • Yolanda de la Torre Valdés

  • El final de la “paciencia estratégica”
  • Yolanda de la Torre V.

Si alguna región nunca le ha sentado bien a Estados Unidos para emprender una guerra, esa es la del lejano oriente, baste recordar la única conflagración bélica que ha perdido en su historia, la de Vietnam, cuya derrota le tocó admitir en su momento a quien suplió a Richard Nixon, Gerald Ford, lo que entre otras cosas le costó a los republicanos perder el poder en las elecciones de 1976 ante un gris demócrata, James Carter.

Se tiene también el recuerdo de la guerra de Corea, de tan mala memoria que es prácticamente la única que casi no ha sido motivo de películas conmemorativas, ni de mayores series televisivas, con excepción de una desarrollada en los 70, titulada MASH. Como mero recuerdo, la Guerra de Corea se libró entre 1950 y 1953, con Estados Unidos defendiendo a Corea del Sur y China y la Unión Soviética defendiendo a Corea del Norte, nación liderada entonces por Kim ilSung, abuelo del actual dirigente de esa nación, Kim Yong Un.

El actual dirigente norcoreano, así como otros dictadores en diferentes partes del mundo, se mantiene en el poder arguyendo la defensa de su nación de supuestas conspiraciones occidentales encabezadas por Estados Unidos, para desestabilizarlos y apoderarse de su territorio. Por tanto los tres Kim de diferentes formas han expresado todo tipo arengas y amenazas contra Washington y por supuesto su vecina Corea del Sur.

Es bien sabido que ambos presidentes Bush (George Sr. y Jr.), dirigieron el potencial bélico de su país hacia el Medio Oriente, en una mortal mezcla de intereses económicos personales con las compañías petroleras, a los que se sumó una suerte de venganza contra Saddam Hussein, por haber atentado contra la vida de George Bush padre, según expresó George W. Bush al invadir Irak en 2003. Por su parte, Bill Clinton si bien no dio inicio a alguna nueva guerra, si llevó a cabo sendos bombardeos en territorio iraquí, dando continuidad a la presencia armada en torno a esa nación, al tiempo que ordenó bombardeos a Sudán y la región sur de Afganistán en 1998, cuando Al Qaeda hizo detonar bombas en las embajadas de Estados Unidos en Kenia y Tanzania.

Actualmente en tiempos del nuevo presidente de Estados Unidos, el magnate Donald Trump, se suma otro punto importante, éste radica en que el presidente Trump, tiene el nivel de popularidad más bajo para un mandatario estadunidense en la historia, a lo que se suman importantes cuestionamientos sobre su cercanía con el régimen de Vladimir Putin en Rusia y sobre sus cuestionables pagos de impuestos al menos durante los últimos 18 años, lo que hace que el presidente de Estados Unidos se encuentre en la necesidad de dirigir la atención de la opinión pública tanto de su país, como la del resto del mundo, hacia otro punto.

Para ello que mejor que Corea del Norte, nación que tiene todos los elementos, conservando lo más férreo de los autoritarismos comunistas de los tiempos de la Guerra Fría, a lo que se le suma un bélico dirigente como Kim Jong Un, que hace constantes y absurdas amenazas de destruir a Estados Unidos con sus misiles, algo que por razones lógicas nunca ha sido tomado en serio, pero que ya recibió respuesta por parte del vicepresidente norteamericano, Michael Pence, quien expresó que terminó ya la paciencia estratégica hacia Pyonyang. Veremos lo que ocurre a partir de esto y qué pasa con compatriotas nuestros a los que busquen alistar para tal aventura.
* Senadora de la República

yolandadelatorre@senado.gob.mx

YolandaDeLaTorreV

@Yoladelatorre