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Sutilezas

  • Yolanda de la Torre Valdés

  • Yolanda de la Torre V.
  • Globalidad, ¿trato igual a ganancia que a pérdida?

En ocasiones, viendo todo lo que está ocurriendo en diferentes partes del mundo, donde las posiciones conservadoras se van al extremo, como ocurre en Estados Unidos con el virtual candidato republicano a la Presidencia, Donald Trump o en la Gran Bretaña, donde tras un a todas luces mal organizado, los adultos mayores y grupos de interés ultraconservador impusieron su voluntad y forzaron la realización de un referéndum al que se le conoció popularmente como Brexit, en el que se determinó la salida británica de la Unión Europea, una decisión cuyas primeras consecuencias comienzan a vislumbrar y ya están haciendo que los principales impulsores muestren señales de arrepentimiento.

Pero más allá de lo comentado y del calor del momento en el que se ha tomado más de alguna decisión lamentable, la integración global no está siendo la suerte de aldea mundial de felicidad que en algún momento se ofreció, y cada vez hay más gente inconforme con lo que se plantea actualmente al respecto.

Entre los primeros brotes masivos y coordinados a nivel mundial contra la integración global, se dieron una serie de manifestaciones cada vez que se daba alguna de las reuniones del Foro Económico Mundial de Davos, Suiza; en ocasión de cada encuentro multipartita de presidentes y otro tipo de mandatarios de diferentes naciones, algo que llegó a impactar en México, razón por la que el último de nuestros mandatarios del siglo XX, Ernesto Zedillo Ponce de León, un férreo impulsor de la globalización, optó por definir a los citados grupos como Globalifóbicos, algo que por sí solo causó controversia e incluso indignación a nivel mundial, pero que de algún modo relataba el sentir de las agrupaciones y el efecto que la integración mundial está generando.

El gran problema es que las condiciones no son parejas, algo que se puede ver en el siguiente punto. Por ejemplo, hace no muchos años, el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, expresaba que cuando Estados Unidos se resfriaba, a México le daba un “catarrito”. Es un hecho que no ha sido así y ha quedado demostrado no solo que cuando nuestro vecino del norte se enferma, lo que a nosotros nos da es una genuina pulmonía, además ocurre que cuando se recupera y logra una óptima salud, eso ya no le repercute a México.

Es por ello que se indica una y otra vez que nuestro país no estará en verdadera capacidad de lograr un crecimiento económico sostenido, y cada vez menos dependiente de los vaivenes internacionales, hasta que no tenga un mercado interno verdaderamente vital, algo que efectivamente requiere de una integración global, pero equilibrando a ésta con una actividad interna de la economía mexicana que traiga bienestar y calidad de vida a las familias de nuestro país.

Algo que se puede señalar que tanto en México, como en el resto del mundo, para fines de globalización, lo que se está haciendo es que las pérdidas se socializan, mientras que las ganancias se privatizan, algo que está llevando a que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres.

Si la globalización produce integración, eso entre otras cosas debe llevar a que los beneficios lleguen a todos los involucrados, tanto los que eligieron formar parte de ello, como los que simplemente un día despertaron y ya estaban en una aldea global. De no ser así, cada vez habrá un mayor rechazo a la globalización y especialmente a una de sus más contundentes expresiones, la formación de bloques multinacionales, como la Unión Europea y el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.
*Senadora de la República

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