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Sutilezas

  • Yolanda de la Torre Valdés

  • Yolanda de la Torre V.
  • Sin participación no hay verdadera democracia

Un punto importante que hemos abordado en este espacio ya en otras ocasiones, es el referente a que la democracia, si bien representa un conjunto de derechos, también contiene una serie de responsabilidades que, si no se cumplen por parte de la ciudadanía, al menos de una porción mayoritaria, se llega a que el ejercicio democrático no es pleno y por tanto el mandato del pueblo tampoco lo es.

Hace unos pocos meses, en la Gran Bretaña la ciudadanía se aprestaba a ir a las urnas para decidir si su país continuaría siendo o no parte de la Unión Europea, donde juegan o jugaban un rol central junto con Alemania y Francia. Todas las encuestas indicaban que el SÍ le ganaría con relativa amplitud al NO, algo que al parecer hizo caer en cierta desidia a los votantes proclives a la permanencia británica en la Eurozona.

Al llegar la fecha, una proporción floja de votantes británicos acudieron a las urnas y la primera información en fluir fue la de las encuestas de salida, misma que en primeras horas de la noche hacían ver que la Gran Bretaña seguiría siendo parte de la Unión Europea, pero al iniciar un conteo ya más profundo de los votos, esos primeros datos comenzaron a revertirse y para la madrugada del día siguiente del referéndum, se dio a conocer lo que sería un hecho: deberían iniciarse los trámites para que el Reino Unido abandonara aquello que en otro tiempo fue la Comunidad Económica Europea y que desde 1992 se convirtió en la Unión Europea, tras la aprobación del Tratado de Maastricht.

¿Qué fue lo que hizo ganar al llamado Brexit en el referéndum británico?, una población adulta mayor, que por diferentes razones añora tiempos de mayor aislamiento, misma que sí acudió en masa a las urnas, a diferencia de una juventud que apoya la integración, pero que dio por hecho al SÍ y se quedó en su casa, dejando de ejercer su derecho y su responsabilidad.

Otra votación que tuvo un destino similar, fue aquella en que los colombianos debían dar o no su respaldo al Tratado de Paz con las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), con lo que pondría fin al conflicto guerrillero más antiguo del mundo. Se esperaba que los colombianos votaran en respaldo al tratado signado en Cartagena de Indias y resultó lo contrario. En este caso además cabe preguntarse qué tanto valía la pena someter a las urnas algo que ya estaba incluso firmado y acordado entre las partes en disputa.

El siguiente ejercicio democrático que si bien es local para los Estados Unidos, resulta de impacto enteramente global, lo constituyen las elecciones presidenciales en ese país, donde el electorado deberá optar entre el candidato republicano, un empresario básicamente patán, misógino, evasor de impuestos durante 18 y al que insignes militantes de su partido le están retirando ya el apoyo, es decir, Donald Trump; al tiempo que por el Partido Demócrata contiende Hillary Clinton, una abogada que destacó ampliamente como primera dama durante los ocho años de la presidencia de Bill Clinton y que en esta elección ha debido avanzar contracorriente ante el impacto de las expresiones xenófobas de Trump. Ya para estas fechas, faltando semanas escasas para el primer martes de noviembre, las encuestas indican que Hillary Clinton podría ganar con una ventaja de hasta 10 puntos, pero es allí donde debe entrar la responsabilidad y participación ciudadana, porque si los partidarios de Clinton se confían en la ventaja y no acuden a las urnas, bien podría concluir el “Supermartes” con un triunfo de Trump. Piénsenlo.
* Senadora de la República

** Diputada Constituyente de la Ciudad de México

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