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Tajamar, entre la política y la ley / Sin Gafete / Isabel Arvide

  • Isabel Arvide

Si partimos de que todas las leyes, todo lo legal, todas las instituciones de Gobierno son corruptas, no vamos a ningún lado. Si en medio de una crisis económica, con una devaluación mayor, asumimos que un grupito de personas con intereses políticos locales puede más que todas las certidumbres oficiales, el país estará en manos de los menos.

Quintana Roo contribuye con el 50 por ciento del ingreso nacional por Turismo. Que son muchos millones de dólares anuales. Este dinero viene de los bolsillos de los visitantes, en mayoría extranjeros. Para que esto continúe, incluso aumente, hay que cambiar la imagen urbana de Cancún, que en su desfase del plan original, hecho por Antonio Enríquez Savignac, se ha convertido en un bodrio.

El proyecto del malecón Tajamar es parte de esto. Pretende recuperar una gran extensión de terreno olvidado, pantanoso (eso es un manglar) que quedó inmerso en el centro de la ciudad.

Esta recuperación del espacio comenzó hace años. La primera parte de este proyecto está lleno de edificios, casas y un club de golf.

La construcción que debió haber comenzado hace una semana tiene, como consta en papeles oficiales que se ignoran por conveniencia política, todos los permisos en orden. Fonatur, que es dueño de grandes extensiones de terreno, de toda la zona hotelera de Cancún, donó muchas más hectáreas para un parque ecológico a cambio de este terreno. Se pidió apoyo de biólogos para el traslado de especies animales y plantas. Se cumplió con los requerimientos impuestos por la Semarnat.

Supongo que a muy pocos les gusta, en este tiempo donde hay grandes daños al planeta, que se destruyan espacios verdes pero hay que recordar que todo Quintana Roo es manglar, selva, playas. Que a partir de que se creó el desarrollo turístico de Cancún, y después la Riviera Maya con Playa del Carmen creciendo más que ningún otro municipio en el mundo, casi dos millones de mexicanos y extranjeros llegaron a vivir a esta parte del país.

Que para ellos ha habido oportunidades y, sobre todo, empleo. Siempre alrededor de la actividad turística.

Por eso la prioridad es cuidar esto, no solamente para estos dos millones de ciudadanos, sino para los beneficiados en el país de esa entrada de divisas, que Cancún siga teniendo atractivo para los visitantes.

En Quintana Roo como en pocas partes del país hay una gran cultura ecológica, precisamente porque se vive el turismo. Que se aprende en todas las escuelas. Y estas organizaciones de presuntos defensores del “manglar” no abrieron la boca cuando se construyó la primera parte de Tajamar, ni cuando se anunció esta construcción. Esperaron a la efervescencia política que existe alrededor de la designación del candidato priísta.

Justo en la recta final de una contienda partidista muy complicada, muy reñida, aparecen estas manifestaciones en Cancún. No aceptemos que es casualidad ni que se pretende cuidar el hábitat de las iguanas.

El oportunismo del Partido Verde en este asunto es materia aparte. Primero ignoraron el tema y cuando estaban las cámaras de televisión corrieron a gritar consignas, lo que debe verse junto con la aspiración del joven Remberto Estrada a convertirse en candidato a la presidencia municipal de Cancún. Callado cuando conviene y frente a los reflectores también a conveniencia.

Detrás del proyecto de Tajamar hay constructores e inversionistas, tanto locales como extranjeros, que decidieron arriesgar su dinero confiados en las leyes y los permisos vigentes. ¿Con qué les van a salir? ¿Qué mensaje se enviaría al resto del mundo, cuando pretendemos ser un país confiable para invertir, si se cancela este proyecto? ¿Y quién les va a pagar su dinero, los que están protestando?

Roberto Borge, gobernador, ha cuidado mucho el tema ecológico durante su Gobierno. Por eso se canceló un proyecto tan ambicioso como el Dragon Mart. Tajamar es distinto, el tiempo político se presta a revolver el río para que pescadores oportunistas puedan ganar. Si consiguen cancelar este proyecto, expropiar el terreno como van a pretender, habría perdido el Estado de Derecho, la confianza ciudadana y millones de mexicanos que viven del turismo.

¿Queremos miseria en terrenos donde vivan confortablemente las iguanas o queremos un punto de equilibrio, con leyes a respetar y opción de desarrollo integral? Esa es la verdadera discusión que, como muchas otras, no es políticamente conveniente.
En Tuiter: @isabelarvide Blog: EstadoMayor.mx