imagotipo

Tanto para nada. Conclusión

  • Eduardo Andrade

Dr. Eduardo Andrade Sánchez

A partir de la conversación hipotética de las dos últimas semanas, podríamos tomar las apreciaciones de nuestro ficticio profesor de economía para generar una hipótesis realista. Restablecer fronteras que racionalmente limiten y ordenen los intercambios puede paradójicamente ser el principio de una globalización justa y no promotora de la desigualdad que solo beneficia a unos cuantos: los que protegen mejor sus intereses. El proteccionismo es algo tan normal como la oferta y la demanda y es inherente tanto a los pueblos como a las empresas. La diferencia es que la clase gerencial tiene muy claro su plan y los pueblos no, y que aquella casi ha logrado convencer a estos de que protegerse es malo; pero la gente aún conserva un instinto de protección y se da cuenta que la globalización, como va, la daña más que beneficiarla.

Se requiere un poder democrático sobre ese modelo basado en la capacidad de explotar más a más gente y en engañar mejor a los incautos que invierten en las bolsas pensando en asegurar su porvenir. De cualquier modo en el futuro cercano los capitalistas se van a entender. A pesar de la sacudida de las bolsas que aprovecharon los especuladores para conseguir ganancias prontas vendiendo papel sobrevaluado con el pretexto del Brexit y que vuelven a aprovechar comprándolo de nuevo a precios artificialmente bajos, y pese a las declaraciones de los políticos europeos que quieren que rápido se larguen los británicos, las relacionas comerciales no se van a interrumpir y vendrán negociaciones recíprocas para hacerse concesiones aduaneras… y tan contentos como antes del Brexit. No pasa nada, solo “mucho ruido y pocas nueces”.

Los intereses comerciales y financieros se arreglarán en breve tiempo. Obama primero advirtió a los británicos que no se salieran, pero después del Brexit dijo que se mantendrá cooperando de cerca con ellos. Ahora bien, el mensaje de los ingleses puede ser el inicio de un cambio gradual en el impacto de un capitalismo desenfrenado que está afectando incluso a los pueblos que más lo defienden, porque hasta ahora les ha beneficiado, pero ya les está causando daño por una globalización desequilibrada. Equilibrarla requiere tener en cuenta el mensaje de la gente común. Para ello debe concertarse un régimen justo de trabajo, que será lo único efectivo contra la migración. Un salario mundial equitativo -no solo el “ingreso mínimo” asegurado más como dádiva que como remuneración- puede sustituir los túneles, las barcas o lo que se invente para librar los muros. Una organización de sindicatos de alcance transnacional, que es en lo que debería estar trabajando la OIT, sería la lógica contrapartida de las empresas globalizadas. La supresión real de los paraísos fiscales. La prohibición de ventajas fiscales indebidas o de donaciones a empresas para instalar sus plantas, que ponen a competir a los países para ver quién se degrada más, cuando la competencia debiera basarse en cuál dispone de mejores recursos naturales o humanos. La realización de licitaciones solo entre empresas nacionales y por excepción algunas, en ciertas condiciones, con dimensión mundial. En esos casos impedir que empresas con mejor financiamiento en sus países de origen compitan ventajosamente con las locales. La eliminación de las calificadoras privadas y en su lugar crear un organismo multinacional de la ONU dirigido pluralmente por un conjunto de representantes emanados de los Gobiernos. Estas son algunas de las medidas que podrían darnos un futuro globalizado pero socialmente justo.
eandrade@oem.com.mx