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Tentaciones autoritarias

  • Alejandro Díaz

  • Alejandro Díaz

Las sabias palabras de Winston Churchill repetidas en exceso siguen teniendo validez: “la democracia es el peor de los sistemas que el hombre ha inventado para darse Gobierno a excepción de todos los demás”. A pesar de abusos de políticos y partidos, la renovación periódica de autoridades por medio del voto popular ha probado ser la mejor fórmula. Es cierto que todos queremos que los procesos sean prístinos y los mejores hombres triunfen, pero como instituciones humanas siempre puede haber resultados no esperados.

Una democracia plena requiere elecciones periódicas y cambios pacíficos de autoridades. Pero también instituciones que fortalezcan el Estado de Derecho al controlarse mutuamente. Solo así se garantiza que Gobiernos y Cámaras legisladoras procuren el bien general de la sociedad.

La democracia no termina al día siguiente al de la emisión del voto o de la toma de posesión, es un proceso continuo con pesos y contrapesos para teóricamente evitar abusos, corrupción e impunidad.

Dos graves riesgos corren los países con un Estado de Derecho frágil, donde los abusos de poder no son frenados y castigados, o donde abunda la corrupción o la impunidad, o peor aún, ambas. Por un lado, el peligro de que la sociedad se aleje decepcionada de la política y que los políticos actúen como si no tuvieran que rendir cuentas; pero también que un “listillo” de corte populista se gane la voluntad popular con demagogia.

Mediante elecciones democráticas subieron Hitler, Chávez y Putin al poder, y así puede llegar Trump a la Presidencia de EUA. Una población cansada de oír promesas incumplidas y de sufrir abusos de políticos es campo fértil para populistas de izquierda y de derecha por igual. Cuando los demócratas fallan, la población -en su mayoría ignorante- es presa fácil de la palabra hábil de quien encuentra un chivo expiatorio a quien atribuirle todos los males. Hitler señaló a los judíos, Chávez al imperialismo, Putin a Europa y a Estados Unidos, mientras Trump ahora señala a los mexicanos como causantes de la inseguridad y de la falta de empleos en ese país.

Las anteriores no son las únicas tentaciones autoritarias, también las tienen aquellos que habiendo heredado el puesto, quieren mantenerse en él a toda costa. Como Nicolás Maduro en Venezuela, Hafez El-Assad en Siria y muchos dictadores en África. Tentaciones que causan dolor e innumerables víctimas.

Pero hay otra tentación autoritaria que hay que denunciar: la vuelta al partido hegemónico, a ese que controla todo: elecciones, sindicatos, y la vida ciudadana. México sufrió por siete décadas a un partido así y nadie debiera desear volver a él, pero Nicaragua parece querer la dictadura de un partido hegemónico.

Después de la larga dictadura de la familia Somoza (1934-79), los sandinistas se hicieron del poder por 11 años, intentando quedarse en forma permanente. Las reglas democráticas los obligaron a dejar el poder al perder las elecciones, pero ahora pretenden volver con todo y ya anularon a la oposición, la que ha perdido asientos parlamentarios, su registro y la posibilidad de participar en elecciones. ¡Pobre Nicaragua!
daaiadpd@hotmail.com