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Termina un año más y el panorama empeora / Betty Zanolli Fábila

  • Betty Zanolli

Termina un año más, 2015. Un año marcado prácticamente en todo el mundo por la violencia y el terrorismo, la crisis económica y moral del que no se ve por dónde pueda revertirse esta situación. En el Distrito Federal, por ejemplo, de nada sirvió que el Senado de la República y luego legisladores de diversos partidos políticos como el de Acción Nacional, pidieran al jefe de Gobierno suspender por 60 días la entrada en vigor del nuevo Reglamento de Tránsito y revisar sus excesos y contradicciones, como tampoco de nada han valido los múltiples reclamos provenientes de distintos sectores de la sociedad en contra de los abusos del nuevo ordenamiento. El 16 de diciembre comenzó a operarse y con ello una nueva ola de criminalización en contra de la ciudadanía inerme. Lo increíble es que mientras dicha norma se aplica indiscriminadamente, aduciendo que contribuirá a reducir los accidentes y a fomentar una mayor civilidad entre peatones y conductores de automotores, motos y bicicletas, la ciudad es cada vez más invivible, insegura, en pocas palabras inhóspita, insensible e inhumana.

Así, preocupados más por aplicar “un reglamento anticonstitucional”, ajeno a la realidad capitalina, plagado de errores y de excesos, en aras de recabar oportunamente sus exorbitantes infracciones y cuyos efectos difícilmente lograrán los resultados tan anunciados; atentos en aplicar arbitrariamente programas como el del alcoholímetro que posibilita de forma indiscriminada la acción presta de bandas de coyotes, en colusión con la autoridad policiaca, al momento de tramitar amparos que terminarán evitando el arresto de los ciudadanos a cambio de la captación pecuniaria respectiva; proclives en apoyar sin medida ni regulación alguna el crecimiento descomunal e irrefrenable de la economía informal sin medir las temibles consecuencias de su anárquico crecimiento; obsesionados por buscar el cambio de status políticoadministrativo de la capital de la República, más de índole demagógica que de real necesidad; solícitos en apoyar mil y un proyectos de desarrollo inmobiliario aunque sea a costa de detonar brutales impactos, particularmente ambientales y poblacionales, y cuyas consecuencias serán a corto plazo verdaderamente catastróficas (y que lo diga si no el mentado “Nuevo Polanco”, Santa Fe, y delegaciones como la Benito Juárez y Coyoacán), entre tantas y tantas irregularidades que padece nuestro todavía hoy Distrito Federal, autoridades y funcionarios que han estado al frente de la Ciudad de México, “la urbe más grande del mundo”, en las últimas décadas, solo se han dedicado a cultivar sus bonos y carreras políticas.

¿Cuándo se han detenido a pensar en la bomba de tiempo que han cultivado y que no tardará en explotar en esta megaurbe con todas las consecuencias inimaginables que ello acarreará? ¿Acaso les ha importado que el tránsito esté al borde del colapso sin que nada ni nadie lo pueda evitar gracias a que agudizaron a tal grado el famoso programa del “Hoy no Circula” hasta que un amparo catapultó una problemática de movilidad que es cada vez más dantesca? Y eso sin contar que mientras la autoridad presumiblemente está a la caza de los infractores del nuevo reglamento fascistoide, la delincuencia avanza indiscriminadamente sin que nadie ni nada la frene. Un ejemplo, el más reciente: durante casi una semana los titulares de un periódico hermano, denunciaron la grave situación que se vive en colonias de la delegación Cuauhtémoc como la Condesa, Hipódromo-Condesa, San Rafael, Santa María la Rivera y particularmente la Roma, en las que la invasión de inmuebles, ahora hasta a cargo de comandos armados, queda en la total impunidad sin que la autoridad local pueda evitar estos atropellos flagrantes en contra de la ciudadanía. Su única respuesta es que aquí “no pasa nada”. “Ni son grupos ligados al narcotráfico ni a inmobiliarias”. “Todo está bajo control”. ¿Quién puede creerles?

Es trágico, pero la simulación es hoy la norma en la actuación y discurso de autoridades y políticos, pero lo peor es que no solo de la capital sino de la Nación entera. ¿Qué hicimos los todavía defeños y, en general, los mexicanos para merecerlos? Algo muy simple: permitir que el abuso y el exceso sean parte de nuestra vida diaria. Callar y conformarnos. Refugiarnos en la corrupción de la ley del menor esfuerzo y de la inacción. En pocas palabras, despreciar los recursos que el propio Estado de Derecho tiene a nuestra disposición. Pese a todo, con la llegada de un nuevo año una luz de esperanza renace, pero 2016 no podrá ser distinto si nosotros seguimos siendo los mismos. Y aunque hoy se celebren los Santos Inocentes, estoy segura que el hombre puede cambiar. En cada uno de nosotros está el hacerlo para ser mejores, no solo año con año, sino día a día. ¡Feliz Año 2016! ¡Bienvenida con él la esperanza que nos trae!

bettyzanolli@gmail.com

@BettyZanolli