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Territorio de tabúes / Cuchillito de Palo / Catalina Noriega

  • Catalina Noriega

El término tabú proviene del polinesio y significa “lo prohibido”. Según el diccionario de la Real Academia, “se ha generalizado su aplicación a cualquier ‘prohibición’ supersticiosa o fundada en prejuicios o en preocupaciones irracionales de alguien”. Podría definirse como las actitudes, acciones, comportamientos o conjunto de valores que pueden ser opuestos a lo socialmente aceptable y, debido a ello, se considera peligroso. Provoca desagrado o malestar y en cuestiones políticas, en este territorio se usa “a todo vapor”.

Bajo ese concepto se envuelven verdades, que deberían ser del conocimiento público, a fin de evitar las ancestrales máscaras con las que encubrimos el verdadero rostro, incluso, de la historia.

Recién aterriza como gobernador de Guerrero Héctor Astudillo y ya le cae encima la maquinaria pesada. Orondos y como si sus 43 compañeros desaparecidos fueran anécdota del pasado, más de una veintena de normalistas ¡secuestraron una pipa con 40 mil litros de combustible!

Sucedió en el libramiento Chilpancingo-Tixtla y se presentaron policías de las distintas corporaciones. Se dieron hasta con la cubeta y el saldo fue de tres heridos y 20 detenidos.

A los ahora conocidos como “Ayotzinapos” los entregaron a Derechos Humanos. ¿Por qué no los llevaron frente a un juzgado? Para que no existiera posibilidad de la mínima tragedia. Con que se perdiera un joven, o saliera herido, se armaba la de Dios es Cristo.

A las pocas horas saltó el mandamás de la Cámara de Diputados, Jesús Zambrano. Con sorna declaró que “esperaba que no fuera el inicio de una represión contra los normalistas”. ¡Dioses!: está bueno para hablar. En ese mismo sentido se pronunciaron algunas otras voces, como si el hecho de ser joven fuera equiparable al de vándalo, y por lo tanto, inimputables.

¿Represión o cumplimiento de la ley? ¿En qué selva vivimos, donde por ser “estudiante” puedes secuestrar camiones, robarte el contenido, agredir a la policía a pedradas, con palos o, aún más espeluznante, quemar al empleado de una gasolinera que trataba de evitar el incendio de la misma –tiempos de Ángel Aguirre-?

“Que se haga su voluntad en los bueyes de mi compadre”. Entramos a la ingrata práctica de los tabúes: los estudiantes son intocables y no son sujetos a los que se aplique el Estado de Derecho. “Después de Tlaltelolco…”

Es aquí donde nace el tabú tras tantas décadas vigente. Igual se aplica a los Atilas de la CNTE y la Sección 22 de Oaxaca. Los “mentores”, en sus violentas manifestaciones, pueden destruir patrimonios, quemar locales, romper vidrios, robar computadoras y lo que se encuentren a mano, sin que, hasta ahora que aprehendieron a cuatro de sus líderes, se les sancionara.

La ley aplica para todos sin excepciones y, mientras no se acepte este principio, seguiremos dando tumbos. Reprimir equivale a ejercer una violencia, en el caso de estos jóvenes, por parte del Estado. Es vejarlos, golpearlos, torturarlos, lo que por supuesto, es inadmisible. Detenerlos y poner un alto a lo que son delitos es harina de otro costal.

¿Por qué Zambrano, a quien se ligó a Abarca, no intimidó –aunque fuera verbalmente-, a Ángel Aguirre cuando éste enviaba a la Policía Federal a deshacer los bloqueos carreteros de normalistas?

Si viviéramos en un Estado de Derecho, estaríamos ¡todos! bajo su férula, sin tabúes, sin historietas politiqueras, sin discriminación de edad, género, partido ni ninguna otra. Entonces sí, este trópico funcionaría.
catalinanq@hotmail.com

Twitter: @catalinanq