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Terrorismo / El Agua del Molino / Raúl Carranca y Rivas

  • Raúl Carrancá y Rivas

Es indiscutible que el terrorismo ha alcanzado proporciones internacionales (cf. Código Penal Anotado, Raúl Carranca y Trujillo-Raúl Carrancá y Rivas, vigésimo octava edición, Editorial Porrúa, México). Se puede tomar como fecha histórica de partida de esta escalada el atentado a las Torres Gemelas de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001, aunque ya desde antes su progresiva internacionalización era evidente. En tal virtud es más que razonable que hoy se tipifique el llamado terrorismo internacional, pues como lo ha puesto de relieve la tragedia de Bruselas se trata de un crimen sin sentido, en el supuesto de que pudiera haberlo más allá del meramente criminal. Desde luego no es un delito político, o llamado político, porque carece de un fin específico de esa naturaleza. Se mata por matar, se aterroriza por aterrorizar, diluyéndose el propósito o causa determinante en una serie de sin razones carentes de congruencia específica. Es la brutalidad del delito llevada al máximo, es una especie de rabia colectiva, desbordada, que puede estallar en las manos de cualquiera. Sin embargo, y la experiencia lo demuestra, queda aún mucho por hacer en materia de competencia jurisdiccional en que se afinen los instrumentos jurídicos internacionales para que no se politicen, a la manera de un búmeran, atentando contra la soberanía nacional de los países en aras de intereses que rebasan el marco del Derecho. Este es el problema de fondo en un mundo convulsionado por la violencia creciente. La llamada “globalización jurídica” no tiene por qué arrasar con las soberanías nacionales, ya que es absurdo y utópico suponer que una supuesta soberanía internacional absorba o “devore” a las soberanías nacionales.

Ahora bien, el artículo 148 Bis, en su párrafo primero, del Código Penal Federal dice que con el delito del caso se “produzcan alarma, temor o terror en la población o en un grupo o sector de ella”. ¿A qué población se refiere el texto? Aunque el delito se lleve a cabo en territorio mexicano la población afectada es la mundial por ser el objeto material del mismo los bienes o personas de un Estado extranjero, o de cualquier organismo u organización internacionales. A mayor abundamiento no hay que perder de vista que la doctrina habla en la especie de intimidación pública, finalista, donde se enumeran los elementos del tipo, obviamente de largo alcance como lo concibe el finalismo de la acción. Por lo tanto, repito, se ha de entender que dicha intimidación es susceptible de llevarse a cabo, si cabe la expresión, sobre tres poblaciones, la mexicana, la del Estado extranjero de referencia y la mundial en el caso de que el acto delictivo tenga como objeto material un organismo u organización internacionales. Es un tipo que se puede desplazar sobre tres espacios. Sin embargo es de reconocer que cualquier acto terrorista, por el estado de ánimo que priva en el mundo, es de repercusión universal. En suma, el reto es evitar, en la medida de lo posible, que intereses hegemónicos prevalezcan sobre un principio básico, a saber, la seguridad internacional (¿derecho humano internacional?). Razón por la que el mundo, y en concreto las legislaciones penales nacionales, se enfrentan a una experiencia desconocida, aún por explorar. La meta es armonizar intereses regionales o nacionales con intereses de otra clase que, al final de cuentas, incidirían también en la seguridad internacional. Lo cual se ilustra, por ejemplo, con la llamada guerra del golfo (pérsico) iniciada por Estados Unidos bajo el mandato presidencial de George Bush padre.

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