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Terrorismo y pobreza / Paradigma Económico / Jorge Sánchez Tello

  • Jorge Sánchez Tello

Si la pobreza es uno de los catalizadores fundamentales del terrorismo, uno esperaría que las sociedades más pobres del mundo estuviesen infestadas de actividades terroristas o, en su defecto, sean la principal fuente de actos terroristas en el escenario internacional.

Sin embargo, es posible demostrar que los países pobres enfrentan menores índices de actividad terrorista que los países ricos. Varios economistas han demostrado que no existe tal relación, por ejemplo entre 1968 y 2010, las áreas del mundo donde existió más terrorismo fueron precisamente las más favorecidas económicamente: Estados Unidos y Europa. Por supuesto, zonas pobres como África no estuvieron exentas de la presencia de actos terroristas, pero el número de este tipo de actividades no fue tan elevado como en el primer conjunto de países.

Otro ejemplo donde se refuta la tesis de asociación directa entre situación económica y propensión a apoyar o a participar en actividades terroristas es el contexto del conflicto palestino-israelí. En la Franja de Gaza y Cisjordania se muestra que el apoyo de la opinión pública palestina a la realización de ataques violentos contra objetivos israelíes no decrece conforme la población tiende a poseer mejores niveles educativos o a vivir con mejores estándares de vida.

El vínculo existente entre pobreza y terrorismo ha sido igualmente cuestionado en otros contextos, como en el caso del nacionalismo vasco en España: ¿Acaso las limitaciones relativas, provocadas por los problemas económicos, son un factor detonante de la violencia política actual? Dos hechos que parecen contradecir esta hipótesis son, por una parte, el que, pese al terrorismo, la industria vasca sea una de las más prósperas de España y goce de un alto porcentaje de crecimiento económico, y por la otra, que no exista una correlación evidente entre las áreas vascas que presentan tasas relativamente altas de desempleo y la intensidad de la violencia callejera de origen político. Antes de la crisis del 2008 en España existía ya el terrorismo.

Es importante observar que el hecho de que el estrato socioeconómico del que provienen mayoritariamente los terroristas no sea el más desfavorecido de la sociedad no significa necesariamente que la cadena causal entre pobreza y terrorismo sea completamente inexistente. Es posible pensar, por ejemplo, que las élites educadas que participan activamente en actos terroristas se encuentren motivadas por la existencia de importantes segmentos de la población que vive bajo condiciones de pobreza. En otras palabras, la pobreza podría representar una fuente indirecta de terrorismo en la medida en que se convirtiese en la bandera de una causa política que justifique la realización de este tipo de actos.

Si el terrorismo sigue empujando hacia la guerra evidentemente tendremos un impacto en lo económico, efectos directos sobre el crecimiento, particularmente si el turismo y los negocios se hacen más lentos de modo brusco. En cierta medida, sobre la producción esto será contrabalanceado por el aumento de la inversión pública en términos militares y de seguridad, avalado por la flexibilidad fiscal de la Unión Europea.

Si Occidente continúa ignorando las reales necesidades de Oriente Medio o trata los problemas de la región solo en términos militares, en vez de confiarse a la diplomacia y a reservar recursos financieros al apoyo del crecimiento local y a la creación de empleo, la inestabilidad y la incerteza en toda esa área solo pueden empeorar.
*Economista e investigador asociado de la Fundef

www.fundef.org.mx

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Twitter: @jorgeteilus