imagotipo

Tiburones de México: un documental que crea conciencia / Bazar de la Cultura / Juan Amael Vizzuet Olvera

  • Bazar de la cultura: Juan Amael Vizzuette Olvera

México es un país de costas, gran parte de su extensión es acuática e insular; habituados a transitar por tierra y a vivir lejos de los litorales, muchos no estamos conscientes de esa riqueza marina. El documentalista Gerardo del Villar se ha propuesto darla a conocer a través de Tiburones de México. El santuario del mundo (México, 2014), su primer trabajo, que ha significado una odisea en búsqueda de los habitantes menos comprendidos del océano.

-Un “villano” que no es tal

Gerardo del Villar asegura que México es un santuario para los tiburones de muchas especies, y por su experiencia directa sabe que los escualos no son de ninguna manera los “villanos” que han presentado la imaginación popular y el cine.

Los tiburones solían ser “los malos”, mientras los juguetones delfines eran “los buenos” del océano. Tal vez gran parte del temor ante los escualos se haya derivado de aquella película de terror que en español se tituló Tiburón (EUA, 1975), de Steven
Spielberg, quien adaptó la novela de Peter Benchley para obtener un gran éxito de taquilla, y para provocar una psicosis internacional.

La notable historieta mexicana “Chanoc”, creación de Pedro Zapiáin Fernández, supo mostrar con acierto la vida cotidiana de los costeños en su universo tropical enmarcado por el mar y la selva. Sin embargo, los tiburones aparecían a veces como amenazas, por necesidades del guión y de la aventura. Aún así, la revista informaba a sus lectores sobre las especies de tiburones características de nuestro país. La desaparición de la historieta no solo fue una pérdida en cuanto al entretenimiento popular, sino también respecto a la conciencia de que México es un país marítimo. Tanto como la propia
recia con su multitud de islas.

El buzo y camarógrafo submarino Ramón Bravo convivió frecuentemente con los tiburones y también contribuyó a que el público les conociera mejor, incluso logró la proeza de filmarlos en reposo, dentro de una caverna submarina. Aunque sin lugar a dudas fue el comandante Jacques Yves Cousteau quien más difundió la vida y los secretos de los escualos entre varias generaciones de televidentes, lectores y cinéfilos.

“…En la mayoría de los casos, los habitantes de los mares no atacan más que para defenderse”, escribió el explorador francés en su enciclopedia Mundo Submarino (Ediciones Urbión, España, 1977; tomo 6, página 6). En esa misma obra, Cousteau advierte que la propia palabra “tiburón” ya despierta temor, pero aclara: “De las doscientas cincuenta especies de tiburones reconocidas, clasificadas y descritas, únicamente unas treinta y cinco o cuarenta representan una amenaza real para el hombre (…) las más de doscientas especies consideradas poco peligrosas para el hombre no están adaptadas, desde el punto de vista del comportamiento, al papel de matador –papel para el que, por otra parte, están pobremente equipadas en el plano físico-. Algunas de sus representantes tienen los dientes planos y embotados; otras son de natural indolente y perezoso, otras demasiado pequeñas; la gran mayoría manifiesta una tranquila indiferencia frente al homo sapiens, que no les ofrece ningún interés alimentario y, por añadidura, no representa una verdadera
amenaza” (ídem, páginas 8 y 9).

-A la búsqueda de los escualos

Gerardo del Villar explica que su atracción por el mundo subacuático y por los tiburones en particular no se ha debido al influjo de Cousteau, sino a la tradición familiar. Actualmente se conocen ya alrededor de 400 especies de tiburones y 100 de ellas habitan en aguas mexicanas. Pocas veces recordamos que hay países que apenas cuentan con algunos litorales y otros que carecen de una salida al océano. Los escualos, como todas las especies, contribuyen a sostener el equilibro ecológico y, por ende, la vida en todo el planeta.

De ahí la búsqueda que ha del Villar y sus amigos han emprendido, con el apoyo de varias empresas internacionales, para filmar a los tiburones en su medio ambiente. Las secuencias submarinas son en verdad notables, especialmente aquellas en que las que los buzos comparten las aguas con los enormes cazadores del océano. Sin embargo, hay momentos frustrantes: los documentalistas viajan a las costas donde habitan algunas especies y ya no las encuentran. Se trata de una situación que se repite a lo largo de la película y que halla su explicación en los mercados, donde las cámaras descubren a los escualos convertidos en mercancía.

“Desgraciadamente la masiva masacre anual de estos imponentes animales, estimada en alrededor de 73 millones cada año, ha llevado a un tercio de todas las especies de tiburón a estar al borde de extinguirse”, explican los exploradores.

“Son tiburones jóvenes que aún no alcanzan su pleno desarrollo”, explica Gerardo del Villar. Son ejemplares que no podrán reproducirse, por lo que sus captores dañan el ya muy maltrecho equilibrio ecológico.

El documentalista, sin embargo, espera que su película contribuya a crear conciencia entre la población para que apoye la conservación de estas especies.

Tiburones de México se ha proyectado en diferentes foros y festivales con muy buen éxito, de crítica y de público. Obtuvo una nominación especial en el Wild Life Vaasa 2014; fue finalista en el Water Sea Ocean 2014, Mención Honorífica en el Barcelona Under Water Film Festival 2014, finalista en el International Festival of Diving Films High Tratas 2014; se proyectó, asimismo, en el Eviromental Film Festival Washington DC 201, también en la Casa de Cultura de la Embajada Mexicana. Fue finalista en el Miami Underwater Festival 2015, también en el Ficma Latinoamérica 2015. Se ha presentado además en la Universidad Anáhuac del Norte, en el Centro de Estudios de Ciencias de la Comunicación, en la Facultad de Ciencias de UNAM y en la Expo
Buceo.

-Interés del público

Fue muy alentador constatar el gran interés que Tiburones de México despertó en el público de la capital. Uno de los aciertos fue convertir a las propias funciones en aventuras, ya que en lugar de una sala convencional o de algún salón del hotel sede, en Polanco, las proyecciones se llevaron a cabo en el original e innovador “Cinetransformer”, un remolque expandible que se convierte en auditorio, sala cinematográfica o sala de exhibición. Como el piso y las butacas se pueden disponer en declive, el auditorio pudo disfrutar de las funciones con visibilidad perfecta.

Fueron dos las funciones, ambas con lleno completo. Después de la aventura submarina, el público comentó el documental durante el coctel en la terraza de un conocido restaurante de Polanco; se habló sobre la necesidad de que se proteja a las especies que viven en nuestras aguas y las formas en que se puede ayudar.

Gerardo del Villar agradeció la asistencia del público y el apoyo de una casa relojera suiza, que ha sido fundamental para sus expediciones como buzo. Agradeció a su equipo de profesionales, que como pudo constatarlo el público, ha arrostrado frustraciones, desafíos, obstáculos y sinsabores; sin embargo, el entusiasmo del documentalista y sus colaboradores resulta a prueba de desencantos. A la postre, las vivencias compartidas y las satisfacciones les recargan la energía.

Ha contribuido con su documental a crear conciencia sobre los seres que estaremos contribuyendo a extinguir si no cambiamos de actitud y de conducta respecto al océano. Cabe recordar que en una de sus últimas obras, Los humanos, las orquídeas y los pulpos (Ariel, Barcelona, España, 2008, en coautoría con Susan Schiefelbein), Cousteau denunció la destrucción de las especies a través de la pesca industrializada y cuestionó la utilidad de ésta para alimentar a la población mundial; sus conclusiones, bien documentadas, son contundentes: en muy poco ayudan las flotas industriales a calmar el hambre de los países más empobrecidos. Gerardo del Villar, por su parte, continuará en busca de nuevos foros para proyectar Tiburones de México. El santuario del mundo, a fin de difundir su mensaje entre el mayor auditorio posible. Así espera contribuir a que nuestras aguas se mantengan como el santuario de los tiburones. El público interesado en conocer más sobre este documental mexicano puede
visitar el sitio:

www.tiburonesdemexico.com.mx