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Tlaxcala / Una Tras otra / Jaime Alcántara

  • Jaime Alcántara

Y si nos olvidamos de política esta semana

Apoco más de 120 km de la Ciudad de México, está Tlaxcala. A lo largo de la autopista México-Puebla se pueden ver los promocionales que el Gobierno del Estado ha dispuesto para guía de quienes quieran adentrarse en la historia, las costumbres, la geografía de esa, a veces, minusvaluada Entidad.

El hecho de saber que ellos se aliaron a Hernán Cortés, nos frunce el hígado. Lo que no entendemos, muchos, es que ellos eran una nación, un pueblo, una cultura independiente del poderoso Imperio (como se le ha dado en llamar) Azteca. Qué pueblo puede permanecer pasivo, si de cada en cuando estaban los cobradores de tributos, para una nación qué solo hacía eso: cobrar, sin beneficio alguno. Esto es, la constante de lo que se vivió en aquellos ayeres, muy propios de cualquier región del planeta. Sin embargo, ponerse en las sandalias de los tlaxcaltecas podría cambiar la perspectiva que se tiene de esa parte de nuestra hermosa provincia.

Para una simple comparación, bastaría recordar las escaramuzas entre los reinos de Aragón, de Castilla, de Valencia, en España y sus disputas. O, bien, entre Córcega, Florencia (capital de La Toscana), Venecia, Génova, Nápoles. Cada una tenía un emperador o su similar y todos querían dominar a todos. Entonces no existía Italia, como tal.

Pero, para disfrutar, sin acordarnos de la dichosa política, veamos algunas de las maravillas que pudieran esperarnos, a solo unas cuantas horas de nuestra contaminada capital.

Esto hallamos en algunas de las indagatorias, para mejor conocer y, si se diera el caso, disfrutar:

(
) Las antiguas poblaciones de Tlaxcala creyentes del Dios Tláloc acudían en peregrinación a una Montaña Sagrada, donde decidieron construir un templo: Tlalocan, en honor a su Dios de la lluvia, para que él regase sus campos a cambio de sacrificios humanos. Actualmente solo quedan algunos restos del ancestral adoratorio (…).

Lo que sí se puede aún constatar, es la presencia del maravilloso volcán Matlalcuéyetl, también conocido como La Malinche o “Diosa de las Faldas Azules”. El cerro no solo es la vista, que es de lo más atractiva. En ella, el Gobierno del Estado, ha desplegado un meticuloso cuidado de sus espacios. Allí encontramos cabañas, pistas para los aficionados al ciclismo de montaña, espacios para quienes se sientan con ganas de llenar de oxígeno los pulmones y poner los músculos de acero.

Cacaxtla, quizá sea la joya de Tlaxcala. (
) Esta creación artística de nuestros antepasados, considerada como pintura naturalista, es producto del biculturalismo de los Olmecas-Xicalancas [entre los años 100-110 D. C.), que dejaron plasmadas en frágiles paredes historias de mar, batallas, hombres aves, mazorcas humanas, estrellas y serpientes, utilizando el color de los pigmentos del caolín, la obsidiana, la cal y otros minerales de la región.

Se puede apreciar la riqueza de esta cultura, a través de la enorme plataforma del complejo arqueológico y la suntuosa decoración (…).

¿Y, Tlaxcala, capital?

(
) Los portales [son] conocidos con el nombre de “Portal Real y Portal del Parián”, el corregidor Don Diego Ramírez en 1550, tuvo la iniciativa de hacerlo, y el cabildo indígena contrató 300 trabajadores para su construcción. Este conjunto de edificios continuos construidos por etapas, albergaron a nueve tiendas dedicadas a la venta de productos de ultramar. Su fachada de estilo neoclásico popular se restauró en 1985 para ser la Casa del Ayuntamiento (
).

¿Algo más?

Ah, y para disfrutar de esto, Tlaxcala está considerado como uno de los Estados que goza de mayor seguridad en el país.
jaimealcantara2005@hotmail.com