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Todo se cura con agua y ajo / Juego de Palabras / Gilberto D’ Estabau

  • Gilberto Destrabau

Mi abuela –ojalá Dios la esté consintiendo tanto como ella me consintió a mí–  tenía un remedio probado para solucionar todos los problemas: agua y ajo. Que a alguien le dolía el estómago, agua y ajo. Que se rompía una pierna, agua y ajo. Que se le quemaba la casa, agua y ajo. Que le iban mal los negocios, agua y ajo. Ella aseguraba que era infalible. Yo lo he probado, y sí funciona.

El túnel del tiempo

México está en los umbrales de un túnel en el que una de las posibilidades es que la luz que se ve al final sea la de un tren que viene de frente. Y ese túnel es además una congeladora.

Y un espacio para jugar a los Encantados. Para decirlo “a calzón quitado”, en  2016, 2017 y 2018, aquí va a pasar de todo pero, al mismo tiempo, no va a pasar nada. El forcejeo electoral será un morbo que lo contaminará todo y, para continuar con los cuentos de hadas, que se han puesto moda, hasta que no llegue el príncipe y nos despierte con un beso –versión clásica– o nos viole –versión posmoderna– seremos estatuas alrededor de la República, en su encarnación de Bella Durmiente.

En lo que viene, como es tradicional, “justo y necesario”, los candidatos en pugna, sus partidos y aliados, “se van a dar hasta con la cubeta”. Esto puede ser entretenido como espectáculo, pero no hará nada por el PIB, el empleo y la productividad. Por eso decimos que va a pasar de todo y no va a pasar nada.

(De lo que falta de 2015 no hay mucho que decir. Dos partidos de izquierda, la UNAM y el PRD, cambiaron de dirigencia, pero todo estuvo “tan planchadito, tan a modo”, que en realidad nadie espera que las cosas cambien dramáticamente en la operación o la ideología).

El Congreso está más apretado que el sistema vaginoanal de una monja en un antro de la colonia Obrera. Tiene 120 horas para entregar el  presupuesto de Egresos y está tratando de repartir el dinero con más cuidado que una herencia siciliana, especialmente en los estados que tendrán elecciones gubernaturales en 2016 –incluyendo Colima, pa’cabarla de enchinchar-. El sistema de “moches”, patentado por el partido Acción Nacional (PAN), será llevado hasta sus últimas consecuencias, de modo que los electores en los estados en disputa  reciban el máximo de recursos posibles para que vean cómo los partidos -algo que les está vedado a los candidatos independientes- se preocupan por su bienestar. El pobre de Videgaray se va a arrancar los pocos pelos que le quedan, tratando de quedar bien con Molino del Rey y Buenavista, mientras aplaca las ansias de novilleros de los diputados de oposición que no reconocen una iniciativa ni aunque se la presenten en una charola, rodeada de berros, pero que por eso mismo quieren lucirse ante sus coordinadores y dirigentes (los electores no les preocupan; dada la generosidad de nuestra legislación electoral, prácticamente ninguno los necesitó para llegar a donde están).

Entonces, lo que tenemos por delante son tres años electorales. Pero no hay que preocuparse por los problemas que esa trinca infernale nos acarreará, si aplicamos fielmente en cada caso el remedio de mi abuela: agua y ajo.

O sea: “aguantarse y a joderse”.

Buenos días. Buena suerte.

juegodepalabras1@yahoo.com/ Sitio Web: juegodepalabras.mx