imagotipo

Tornatore y el artificio

  • La moviola/ Gerardo Gil

El otrora enfant terrible de la cinematografía italiana Giusseppe Tornatore, admirador de Luigi Pirandello y quien con su segunda película alcanzara fama internacional; Cinema Paradiso (Italia,1988) se esfuerza con su más reciente filme, Te Amaré Eternamente (La Corrispondenza, 2016) la número 11 sin contar documentales y trabajos para la televisión, en contar una historia romántica con ribetes filosóficos, pero se acerca más al descafeinado romance de novela adolescente norteamericana, que ha una trama adulta como su sinopsis nos presume en un
principio.

Sinopsis que, sin embargo, tiene todo para penetrar por lo menos en el gusto del público hollywoodense pero no lo logra del todo, ya que Tornatore comete un pecado de vanidad en el creador: se deja llevar por el artificio de su propia cinematografía.

Así, en Te Amaré Eternamente, no vemos a los personajes clásicos de Tornatore, salpicados del costumbrismo del cine italiano de postguerra con su dejo de humor fársico a lo Pirandello o Fellini, pero tampoco una rendición a Hollywood. El resultado de navegar en esta medianía, en dos mundos cinematográficos diferentes, es una película irregular.

El maniático catedrático universitario “Ed” (Jeremy Irons), especialista en astrofísica, mantiene una relación amorosa con una mujer mucho más joven que él; “Amy” (la exchica Bond, Olga Kurylenco, quien ya tomó por costumbre ser pareja cinematográfica de maduritos actores). El profesor muestra cierto control en la relación, que embona con el temperamento inseguro de la chica.

“Amy” se dedica, además de estudiar, a ser doble de acción en películas y está acostumbrada a recibir malos tratos por parte de las producciones. Un día “Ed” desaparece y poco tiempo después la joven descubre que su amante ha muerto, pero le ha dejado varios mensajes grabados en video que tendrá que ir descubriendo poco a poco.

Stephenie Meyers, autora de la saga Crepúsculo y autores de esa línea, palidecerían de envidia ante la miel del planteamiento inicial y los guionistas de “la rosa de Guadalupe” seguro se tornarán en fan club de esta trama.

El punto es que en su más reciente filme, Tornatore disfraza un planteamiento adocenado a los gustos de moda de la industria cinematográfica, con manerismos propios de su cinematografía: escena de vuelo con toma a las nubes y música de Ennio Morricone, que se repite en un tren y águila que vuela al lado, mirada al mundo cinematográfico completamente gratuita por medio de la actividad como doble de acción de “Amy” que se trata de justificar mediante historia secundaria en la vida de la joven y la ausencia del tono en los personajes típicos y prototípicos de Tornatore.

El cineasta se ha estacionado en su forma pero ha perdido el fondo y Hollywood no le representa una respuesta. La trama se puede imaginar dentro del cine más convencional de la industria estadounidense. Un dejo de personalidad propia no hay en el filme, aun y cuando Tornatore es autor del guion.

La desgracia de Tornatore sigue siendo no poder superarse luego de Cinema Paradiso. Filme que lo catapultó como revelación a nivel mundial y le otorgó con tan solo dos filmes dirigidos, un premio Óscar a Mejor película extranjera. La carga de la historia de Toto y Alfredo sigue siendo demasiado fuerte para el director nacido en 1956.

Ni siquiera con la adaptación de Estamos Todos Bien de 1990 que tuvo su adaptación gringa Everybody´s Fine (Kirk Jones ) 2010, el director había tocado tanta distancia a su cine, pero disfrazando este hecho con lo cosmético.

Tampoco este tropiezo habla de una crisis en el director, todo artista tiene derecho a replantearse, buscar nuevas formas y tropezarse, es parte de. O citando a los clásicos: ¡Alfredo es el cinema! Diría “Totó”.
EN CORTO (GIFF, PRIMERA PARTE)

Japón como país invitado y en la gala inaugural el filme “7:19” de Jorge Michel Grau, dieron el banderazo de salida a la edición 19 del Festival Internacional de Cine de Guanajuato. Como es costumbre dentro de esto evento, las películas mexicanas tienen una gran ventana para darse a conocer.

Una de las razones de ser de los Festivales es apoyar en su difusión a la cinematografía nacional.En tanto espíritu y razón de ser de muchos Festivales, ojalá las estrategias comerciales no impidan la difusión de películas que se presentan en este importante marco.

Seguiremos informando.